#Columna: EL ARTE POR EL ARTE

 

 

Mis melodías y números están aquí. Han llenado mis años, los años en que rehusé morirme. Y para eso mismo escribo, escribo, escribo, al mediodía o a las tres de la mañana.

Para no estar muerto.

Ray Bradbury

 

Actualmente ser artista en Colombia no paga. La situación de aquellos que se dedican a las artes, y ven en ellas el modo más gratificante de ganarse la vida, es precaria. Esto se debe, en parte, a que el trabajo artístico, dígase escritura, teatro, cine, danzas o pintura, por sólo señalar algunos, no se toma enserio, y usualmente se menosprecia por los entes gubernamentales y por el sector privado. ¿Qué debe hacer una persona que piensa ganarse la vida escribiendo, pintando o actuando? ¿Cuáles son las garantías de que su trabajo será tomado en cuenta y a la larga remunerado como se debe?

A través de la historia, los artistas se han visto impelidos más por un sentido de vocación, que por algún reconocimiento monetario o social. Sin embargo, la situación no es tan apocalíptica como podemos pensar. En nuestra ciudad, por ejemplo, el movimiento teatral, aunque no se encuentra en auge, cuenta con el apoyo de diferentes instituciones que se encargan de generar proyectos, y financiar presentaciones, en las cuales pagan bien a sus actores. No obstante, yéndonos a lo mínimo, está el actor principiante, o aquel colectivo que no logró, o no puede, participar de las convocatorias.

Para este tipo de individuos, como para el escritor, el grafitero o el cineasta, muchas puertas se cierran por el simple hecho de no contar con la experiencia necesaria, o no haber “demostrado” su valía artística; e incluso después de demostrar que pueden escribir, montar una obra, o hacer cine, se les aparta sin explicación. Una amiga actriz me aseguraba que todo es cuestión de pasión y hacerse valer. Estos dos conceptos, en el caso de los artistas, deberían ser su mantra diario.

En el terreno de la escritura, por poner un ejemplo, Colombia resalta por las pocas publicaciones que se atreven a mostrar nuevas plumas, jóvenes con ideas frescas y caminos por recorrer.

Más pocas son aún, y me atrevería a decir que no hay ninguna, que remunere dichos textos. Esto es comprensible, pues la mayoría de estas publicaciones se hacen de manera virtual, por medios independientes que no reciben dinero de ninguna parte y cuyo trabajo es más una labor de quijotes que de otra cosa.

Algunos dueños de publicaciones reconocidas, ven en el mero hecho de publicar, como el pago para los escritores, casi como si estuvieran haciendo un favor al mostrar tu texto, como si el señor de la tienda quedara satisfecho y te diera productos al ver alguna de tus obras publicadas.

Aquellos medios que sí se pueden dar el lujo de pagar a los escritores, prefieren ir a la segura, contando en su plantilla de redactores con afamados periodistas o escritores ya publicados. Caemos una y otra vez en una paradoja que en este país es casi un estilo de vida: si no tengo experiencia no me contratan, y si no me contratan, no puedo conseguir experiencia. No es extraño ver actores, escritores, cantantes y demás, irse por el camino de la enseñanza, donde pueden conseguir un sustento diario de una manera digna, y en contacto, al menos en la superficie, con su verdadera vocación.

Sumergidos en medio de este escenario sólo queda una opción, y es la que todo verdadero artista debe adoptar: no pienses tanto y hazlo. Muchos son los casos de menosprecio, incluso grandes figuras del arte hablan de las duras situaciones que vivieron en sus inicios. Al parecer la historia ama las repeticiones. Ante una realidad como esta, la única respuesta que queda es la creación. Seguir escribiendo, pintando, actuando, danzando, seguir, seguir y seguir en las calles, en las playas y los campos, inundar el mundo con un pensamiento más allá de lo establecido; al mediodía o a las tres de la mañana, crear para no estar muerto.

 

 

Comentarios

comentarios

Leave a Reply