Inmigrantes de calidad

Inmigrantes de calidad

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Salir del país fue por muchos años, el propósito de varias generaciones de colombianos. Algunos lo hicieron por seguridad, otros por el deseo de conseguir el sueño americano, ir de mochileros por Europa o simplemente por un cambio de ambiente. El sueño de varios y el reto de tantos, era que en la embajada de los Estados Unidos en Bogotá les dijeran las palabras: “Su visa ha sido aprobada”. Tanto fue así que en ese país, según datos, hay un promedio de novecientos mil colombianos en su territorio (cifra que por cuestiones que todos conocemos, puede aumentar significativamente contando personas no documentadas).

Muchos fueron los que salieron, pero, ¿Qué pasa cuando colombianos con conocimientos importantes y con una visión del mundo diferente retornan a nuestro país? ¿Cómo aprovecha el estado todo este potencial? Las respuestas a estos cuestionamientos no existen porque en la mayoría de los casos,  no hay consideración alguna o simplemente se ignora a estas personas.

Hace un tiempo cercano, alguna identidad gubernamental creó un programa para que todos esos genios nacionales que iban por el mundo poniendo el nombre del país en un sitio de lujo, volvieran y trabajaran en condiciones medianamente normales y cerca a sus familias, con oportunidades importantes dentro del terreno nacional. Muchos, sacrificando la paz de sociedades ordenadas, el dinero recibido y por recibir, en esos sitios, y en busca de aportarle al avance profesional de Colombia, se devolvieron.  Sorpresa para ellos fue que la burocracia Colombiana hizo que a varios las condiciones acordadas, no fueran exactamente lo que les dieron al regresar.

Alguna vez hablando con una persona de nacionalidad Holandesa, me pude dar cuenta que en Colombia no sabemos aprovechar realmente los viajes, las aptitudes y actitudes que estos generan en las personas que los hacen. En Europa es completamente normal que la gente antes de embarcarse en trabajos eternos que demandan una cantidad de horas al día de lunes a viernes, viajen para conocer y contrastar el entorno cercano que tienen en su sociedad, y luego sí volver a sus países para aportar una visión mucho más clara del mundo.

Nuestro país en el momento social que atraviesa y ad portas de una paz que contribuirá para la inversión extranjera y para el retorno de muchos nacionales (Si es que las FARC dicen realmente la verdad y no están creando sólo una estrategia de “mejora” de imagen en medios internacionales, que si es así han ganado y de gran manera), tiene que pensar una forma de aprovechar las cualidades y aptitudes adquiridas en el extranjero (de forma profesional o no) de esos colombianos que regresarán en esta nueva etapa donde el futuro se denota “promisorio”.

No podemos seguir pensando en que los colombianos que salen sólo son ciudadanos que se decidieron a lavar platos en otro país para ganar unos cuantos dólares más y al regreso, esto sólo significa una derrota personal sin ningún tipo de proyección.

En el aprovechamiento del conocimiento de estas personas, de los inmigrantes de calidad, existe un nicho poco explorado que podría, sin temor a equivocarme, generar una dinámica social diferente en base a lo que se vio, se vivió y se exploró fuera del ajiaco, el pandebono, el Transmilenio a las horas pico y los abrazos de nuestras mamás.

 

Escrito por Juan David Garzón  @Juandescribe

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