Judas a la colombiana

Judas a la colombiana

judas_ala_colombianaPara nosotros, los del común, quien se vende es un trásfuga, vendido, mercachifle, soplón, batracio, malsín, delator, chivato, fuelle, cañuto, rastrero, postizo, camuflado, fariseo, gazmoñero, mojigato, socarrón, solapado, maulero, retrechero… Para los otros, los de la Fiscalía, es un “civil como agente encubierto” y para los del Gobierno es parte de “la red de informantes”.

El miércoles 21 de abril del presente año, la Cámara de Representantes autorizó el artículo 234 del proyecto de Código de Procedimiento Penal, por medio del cual se le da facultad a la Fiscalía para usar civiles como agentes encubiertos. El proyecto en uno de sus apartes sostiene: “Podrá disponerse que actúe como agente encubierto el particular que, sin modificar su identidad, sea de la confianza (del investigado)1 .
Dicho artículo es la primera palada de tierra que se le echa a los derechos fundamentales. Como quien dice, la novia o esposa podrían ser agentes encubiertos, lo mismo que el vecino, el tendero, el zapatero, el carnicero, el reciclador, la empleada doméstica, el narcotraficante —aún no se sabe qué es narcotraficante—, el peluquero, el lustrabotas, el jíbaro, la prostituta, el profesor, el abogado, la secretaria, el payaso del circo, el desempleado, entre muchos otros. Ahora cualquiera puede ser agente del Estado.Es indiscutible que si el Gobierno tiene la intención de llevar a feliz término el proyecto de Seguridad Democrática, necesitará contar con la ayuda de la ciudadanía. Al fin y al cabo, el ciudadano está presente en todas las regiones del país, a diferencia de los organismos del Estado. Lo reprochable es cómo se está convocando a la sociedad para ser partícipe de la “inseguridad democrática”.

La iniciativa de un ciudadano para ayudar al Gobierno en determinadas áreas, debe partir de una decisión autónoma. Primero, debe ser una amalgama que se funde desde un sentimiento de apropiación de país, donde al ciudadano le duela su tierra, su cultura, sus semejantes y conforme a esto actúe. Segundo, debe existir una empatía entre Gobierno (políticas públicas) y ciudadanía, subrayando que ésta no se mide con las encuestas de opinión, las cuales normalmente son antipáticas con la realidad.
La empatía de la que hablo es aquella que se forma con el actuar real, no mediático, de un Gobierno. Ese actuar real es el que genera confianza en el ciudadano y, cuando se da, no es necesaria la intervención legislativa por parte del Gobierno para incorporar acciones ciudadanas. Al contrario, esa propuesta inducida se convierte en una acción pagada y no en un deber ciudadano, condicionando al individuo a un actuar mediado por la recompensa o la conveniencia y no por la convicción del deber.
Ahora, ¿bajo qué criterio va a actuar un civil como agente encubierto cuando ni siquiera el organismo (Fiscalía) encargado de controlarlos es capaz de controlarse a sí mismo? Los escándalos que este ente ha generado en lo transcurrido del año, dejan mucho qué desear de la actuación de sus miembros. Además, ¿a cambio de qué los civiles se van a exponer como agentes encubiertos? Será por amor a la patria o a la plata.
Lo que demuestra la aprobación de esta medida es la incapacidad de los organismos del Estado administrados por el Gobierno para llevar a cabo las tareas que ordena la Constitución. Pretender hacer vigilancia encubierta, invadiendo la privacidad ciudadana, es entregar el derecho a la intimidad, ese derecho que es de lo poco que queda, si es que queda. Peor aún, en un país donde primero se captura y después se investiga, la población civil estaría a merced de cualquier lengua encubierta. Pareciera que es muy fácil encubrir la ineficiencia del Gobierno, pero aún más fácil que se nos metan en la casa y nos esculquen el cajón de la ropa interior para ver si encuentran algo sucio… o por qué no, poner algo sucio.
Definitivamente hay dos tipos de ‘sapos’ o agentes encubiertos: el sapo por convicción y el sapo por conveniencia. Y usted, ¿a qué especie pertenece?
1Periódico El Tiempo. Abril 22 de 2004.

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