Profesora: cuando grande, yo quiero ser PROSTITUTO

Profesora: cuando grande, yo quiero ser PROSTITUTO

Ilustración: Raúl Orozco http://www.flickr.com/photos/raouldraws

Recuerdo cuando uno era un niño y la profesora lo sentaba en un círculo junto a los compañeritos y le iba preguntando qué quiere ser cuando grande. Algunos decían policía, bombero, astronauta, doctor, “como mi papá”, marinero, soldado… Yo, por ejemplo, decía pintor, cosa que me arrepiento de no haber explorado, pero que por pena, poco talento, falta de perseverancia y apoyo dejé de lado.  Con el tiempo, cuando fuimos creciendo, muchos ni estuvimos cerca de inclinarnos por lo que le habíamos dicho a la maestra, todos nos convertimos en lo de siempre: economistas, administradores, ingenieros, abogados, comunicadores y uno que otro se volvió traqueto. Pero  hubo uno, que desde muy temprana edad planteó su futuro oficio, siguió su convicción y a pesar de las risas, los regaños, las malas miradas y los cuestionamientos, aún hace lo que hace 15 años dijo sin reparos y tapujos.

– “Profesora,  yo cuando grande quiero ser prostituto” – Fue lo que dijo mi amigo Raúl.  Todos empezamos a reír. Éramos unos niños de primero de primaria, que apenas acabábamos de entender que veníamos al mundo por una “semillita” que ponía el papá dentro de la mamá. Así que la palabra (aunque algunos entendíamos lo que significaba), nos producía una risa morronga.  La profesora Martínez lo miró con asombro y un poco de rabia. Creyó que mi amigo estaba recochando. Raúl nos miraba sonriendo. La profesora gritó que nos calláramos, todos le hicimos caso y nos dimos cuenta de que nuestro amigo la había cagado. Luego ella disimulando serenidad le respondió: –Raulito, ¿cómo así que prostituto, tú sabes qué es eso? -. Raulito aprentando la boca, movió su cabeza varias veces de abajo arriba y respondió: – sí, como mi tía, a ella varios señores la llaman, o la recogen para que se reúnan y tengan bebés, luego le dan regalos y plata-. De nuevo todos comenzamos a reír, la profesora casi se cae para atrás. Raulito siguió diciendo: – pero a mí me van a llamar es señoras bonitas  y me van a pagar mucha plata por hacer bebés. Mi tía, por ejemplo, cada viernes me muestra un  montón de billetes y me lleva a comprar muñecos de los Thunders Cats y las tortugas Ninjas-.

Empezamos a exclamar que qué chimba, pero que era un poco asqueroso eso de hacer bebés con muchas señoras. La profesora se paró enojada y comenzó a caminar de lado a lado, mientras nosotros la mirábamos expectantes. De pronto Angélica la niña más linda del curso preguntó: –¿profe es qué ser prostituto es malo? Porque ahora yo también quiero ser prostituta cuando grande para comprarme muchos Polipockets-. La profesora de inmediato le gritó que se fuera a “la banca roja”, (El lugar de los castigados en mi colegio) luego le dijo lo mismo a Raúl y que se atuviera porque iban a llamar a los papás. El salón enmudeció, ella nos miró y nos dejó salir a recreo quince minutos antes.

Con los años olvidamos ese incidente, menos mi amigo. Siempre ojeaba películas porno para saber las posiciones al hacer bebés  y con el tiempo se volvió todo un galán entre  las niñas del curso, varias fueron desfloradas por él. Cuando cumplió diecisiete, como se había puesto viga, ingresó a una academia de modelaje y ahí se adentró en varios círculos sociales donde comenzó a ofrecer sus servicios sexuales a ricas señoras menopáusicas y mujeres frígidas.

Hace poco me lo encontré, iba vestido con ropa de diseñador y unas gafas A\X.  Lo saludé, le dije que no tenía trabajo y era un escritor fracasado. Se rió, sacó su tarjeta y me dijo que lo llamara si estaba interesado, pues estaba buscando muchachos. Me quedé mirando la tarjeta, decía: “Gigoló, amante para toda ocasión, especialidad: visitas conyugales a mujeres recluidas, total confidencialidad”. Un frío me recorrió la espalda pero me sentí bien por Raúl que siempre la tuvo clara.

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