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#Columna – Carta a Alejandro

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Hace tres meses que estás en un mundo que yo intentaré de describirte, pero tan pronto estés en pleno estado de conciencia te pueda resultar sacado de unas de las historias macondianas. Inicio por el lugar en el que naciste. El primer mundo, la Europa continental a la que muchos llegan con sueños y dejan a un lado a su familia y amigos para aventurarse en un contexto diversamente cultural y cargado de extranjerismos. Por favor, no olvides nunca que eres hijo de migrantes.

A España, nosotros como hispanohablantes la definimos como la madre patria. Históricamente nos unimos a ella, hace como 500 años -mejor dicho- ella invadió América. Por lo tanto, nuestras creencias, modismos, idioma y muchas otras cosas que ahora se me escapan tiene su origen en la península ibérica. Ten presente, mi querido Alejandro tus raíces, con solo escuchar las entonaciones de tu madre podrás saber que somos diferentes dentro de la similitud.

Te escribo desde Colombia, país al que espero conozcas y sientas tan propio como el verde y blanco del Deportivo Cal. Es una regla casi moral que los niños que van llegando a una familia sean fieles a un equipo de fútbol, sobre todo del que sean hinchas los tíos, primos y abuelos, como es tu caso. Hay una costumbre con rasgos de ritual; trata de llevar los infantes al estadio con el fin de que les nazca una pasión perpetua por unos colores. Después seguimos hablando de fútbol.

Acá no hay estaciones climáticas. Somos privilegiados de vivir en una zona tropical, que a modo irrisorio se divide en el fenómeno del niño y la niña, para no confundirte, temporada de lluvias y sequía. La naturaleza ha ido cambiando por culpa del calentamiento global, (no te asustes) es necesario que vayas construyendo un pensamiento proambiental: cuidar el agua, las plantas y animales, ten respeto por los bichitos, preocúpate por una llave abierta y ve aprendiendo los colores para desechar los residuos. Cuando vengas te quedarás asombrado de lo verde que es tu lejano país.

Los sonidos de mi tierra que también es tuya, son únicos. Las características se definen por regiones (me olvidaba decirte que somos el único país de Suramérica que tiene dos océanos, es un dato repetitivo, pero nos llena de orgullo) Pacífica, Caribe, Andina y la Orinoquía que son los llanos. Nosotros somos región pacífica con influencia andina, somos más de ritmos con bailes altamente extrovertidos y alegres, dizque por eso no pronunciamos bien la “s”. Tenemos la salsa como material de exportación y según lo que se habla en Cali esta es la capital mundial. Dejo hasta ahí y luego te cuento de la ciudad.

Por el momento te voy a presentar un pueblo: Guacarí (es un nombre raro, pero ya te explico) ahí vivián unos indígenas que se hacían llamar así, luego llegó un español llamado Juan López de Ayala, mandó a construir una iglesia y poco a poco los fueron despojando de la tierra. Ya no te aburro más con estas historias. Lo importante para ti  es que acá están los recuerdos de infancia y adolescencia de tu mamá, eso lo hace relevante. Queda pendiente una ida al rio, ve buscando como es un paseo de olla.

Llegamos a la comida y sabores. Te cuento que acá es sopa, seco y vaso de jugo. A los niños que no quieran sopa, no se le sirve el seco hasta que no la acaben (un secreto: no vale tomarse el jugo primero.) Voy antojándote de la variedad de frutas que se da en nuestros suelos, de aborrajado, empanadas y chontaduro, son verdadero manjar y ya que digo manjar, hay dulce manjarblanco, una confidencia; este carece de protocolo familiar en la repartición, todos van metiendo la cuchara, así que pilas cuando veas que destapen un mate.

Otra cosa son las masitas de choclo y pandebono trasnochado. Estás pequeño y no podrás tomarte un tinto, pero las acompaña muy bien. Tampoco se te haga extraño que vayan a visitar a alguien y lleven pan para que el anfitrión haga café. Voy terminando. Ojalá pronto podamos hacer la travesura de entrar a la cocina y comernos unas tajadas mientras las fritan sin que nadie se dé cuenta.

Me queda mucho por contarte, pero tienes que descubrir tu origen. Lo mágico es que emprendes tu camino desde “un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme.” Cabalga siempre valiente. Mi pequeño explorador.

De tu tío que te quiere a la distancia…

Columna inspirada en el libro Cartas a Antonia de Alfredo Molano