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#Columna – El dilema de un like

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Por: Alejandro Gil Torres.

Las redes sociales poco a poco se han convertido en espacios de descubrimiento, con puertas al alcance de cualquier persona que tenga acceso a internet. Sin embargo, la ausencia de criterio, amor propio y una inexplicable aprobación en medio de publicaciones rutinarias, transformó a estos espacios digitales en puentes hacia la pérdida de sentido en la realidad, cuestionamientos frecuentes, incluso problemas cotidianos.

No se puede negar la influencia que ha provocado el uso excesivo de plataformas digitales con diferentes intencionalidades: vender, promocionar, influir o sencillamente enseñar algo cotidiano. Es allí donde el usuario interfiere con sus sentidos racionales y el impacto de estos contenidos se transmite de manera inmediata. No obstante, algunos estereotipos y el interés innato de algunos por lograr un número robusto de interacción es completamente notorio. Es por eso que dentro de los objetivos de cada usuario en estos espacios como Facebook o Instagram está su interés de crear o subir contenido innovador para sus consumidores o en tal caso, clientes. Recibiendo el anhelado reconocimiento de un like, comentario y la opción de compartir. Lo que me genera una preocupación es en los propios usuarios que desean implementar estrategias para incrementar sus seguidores, subir fotos o contenido que permita obtener mayores visualizaciones logrando mayor número de likes o vistas en sus historias.

Desde otra perspectiva, concibo lo anterior como una competencia muy apresurada y sin sentido a la que algunas personas pretenden crear para merecer una aprobación, ¿qué sentido tiene recibir una aprobación en una realidad meramente virtual? Aún no encuentro una explicación sensata. Incluso, la sola intención de dar un like a una foto o video llega a ser materia de problemas cuando se mantiene una relación interpersonal, debido a la mala interpretación que esta misma posee, sin conocer que dar me gusta tiene una concepción ambigua, esto es sencillo de entender, solamente que hace falta emplear más el pensamiento racional y detenerse a pensar, ¿este like es una interferencia en lo que estoy logrando con esta persona o sólo hace parte de la película drámatica que estoy constuyendo en mi mente fragil? Es vital realizarce estos constantes cuestionamientos, para que así se impida un duro golpe a la influencia de estos mecanismos de comunicación en la era digital.

Por otro lado, su poder de influencia es realmente alto, la obsesión de algunos usuarios por lograr unas cifras elevadas de seguidores e interacciones van alineadas a la absurda aprobación a la que desean acudir. Vuelvo a ser insistente, ¿con qué objetivo, para qué? Esta afirmación me recuerda mucho cuando creaba contenido para YouTube. Fui muy reiterativo al mencionar mi intención “si este video le llega aunque sea a una persona, estaré totalmente satisfecho” no se trata de ser humilde, conformista o modesto, sencillamente es ser realista y no jugar con ningún tipo de pretensiones de consumo excesivo.

Crear contenido en redes sociales para diferentes tipos de público, es una responsabilidad y a la vez un compromiso que muy pocos saben emplear. Pero más relevante es el uso que diferentes usuarios efectúan en estos espacios digitales; los estereotipos, las cuentas con millones de seguidores y likes, no son justificaciones para que vos estés buscando incesantemente una aprobación innecesaria a través de un click.

Quizás la aprobación que hace falta… es la tuya. ¿Ya la buscaste? Porque el afán de muchos usuarios en redes para lograr ese número tan anhelado, tan robusto, es solo el reflejo de los espacios vacíos en su interior.

No puedo dejar de lado mi profundo rechazo e indignación ante las actos cometidos la semana pasada en Cali y algunas ciudades del país. Es impresionante cómo se fue desvaneciendo poco a poco el objetivo real de las manifestaciones, para convertirse prontamente en una batalla campal entre el pueblo contra el pueblo. Lo ocurrido en el sur de la capital del Valle del Cauca es inaudito, terrible y devastador. Pienso que a muchas personas no les ha quedado claro que el camino más sensato no es la violencia a sangre fría, sino un diálogo abierto irradiado del amor, la paz y la justicia que deseamos en nuestro país.

La incompetencia de nuestro gobierno sigue estando latente y fue tanta la exigencia del país para que el presidente visitara Cali, que lo hizo casi a ‘regañadientes’ con una testarudez incomprensible. No es momento para argumentos y decisiones basadas en la indiferencia y sesgos políticos. Es el instante más oportuno para concretar un pacto por la vida, por el bienestar y la seguridad que anhelamos en Colombia.