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#Columna – El gota gota de mi vecina

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Por: Zalathiel Cárdenas.

Quienes hemos vivido en barrios populares de Cali, tuvimos o tenemos una vecina a la que la visita el “gota gota” todos los días. Para los que leen mi columna desde la Polinesia Francesa y no entienden a qué me refiero, les explico. En Colombia se denomina “Gota gota”, o prestadiario, a un mecanismo de crédito ofrecido por particulares, en el que se prestan cantidades inferiores a un millón de pesos. Dado su carácter informal, para acceder a estos créditos no se necesita codeudor o estudio crediticio previo, basta con firmar una Letra de Cambio. Los pagos deben hacerse diario, semanal o quincenalmente. Los plazos para pagar la deuda van de 1 a 5 meses y las tasas de interés van desde el 5, 10, 20 y hasta el 30% mensual.

Indagando acerca del destino que las personas dan a estos dineros, encontramos que la mayoría lo usan para solucionar un imprevisto, cubrir otras deudas, pagarle a otro gota gota, invertir en un pequeño negocio y, en el peor de los casos, comprar ropa o irse de viaje. Según datos del Portal Datacrédito Experian: “Uno de cada cuatro colombianos acude o ha acudido a estos créditos, la mayoría son personas con edades entre los 36 y 45 años, de estratos bajos, separados o en unión libre y que no tienen una tarjeta de crédito”.

Pero hay varias cuestiones peligrosas detrás de lo que pareciera un negocio “inofensivo”. La más preocupante tiene que ver con las altas tasas de intereses con las que se presta. Como ya lo mencioné, algunos de estos créditos tienen tasas de hasta el 30% de interés mensual. Es decir, si usted le pide prestado $200.000 a un gota gota por un mes con 30% de interés, tendrá que devolverle $260.000 y si lo hace con $500.000 tendrá que pagarle la suma de $650.000. ¡De no creer! Esto es un abuso tipificado en la Ley colombiana como usura. Una costumbre tan antigua como la misma humanidad. Según el libro de Éxodo, Dios prohibió esta práctica entre el Pueblo de Israel: “Si prestas dinero a mi pueblo, a los pobres entre vosotros, no serás usurero con él; no le cobrarás interés”: Éxodo 22:25.

Entonces ¿Cuál es el interés real que debería pagar por un préstamo? En Colombia, la entidad encargada de fijar las tasas de usura es la Superintendencia Financiera de Colombia (SFC). Esta entidad, por ejemplo, fijó para junio la tasa del 25,82 % Efectivo ANUAL, como el interés máximo que puede cobrar un banco o entidad crediticia a sus clientes por un crédito de consumo u ordinario.

¿Qué soluciones se vislumbran para poner fin a este nocivo negocio? En 2006 el nefasto Partido Conservador Colombiano propuso “El Banco de los Pobres” como una alternativa para que las personas que viven en la informalidad y que nunca han podido acceder a un microcrédito, lo hicieran. La propuesta no prosperó, pero era una opción para que “informales, tenderos, gentes dedicadas al rebusque y jóvenes emprendedores puedan incorporarse a la economía formal y salir de la pobreza”. Allí hay una gran idea que se puede potenciar. Es necesario crear una banca (no de “pobres” como despectivamente los llama el conservatismo) sino de oportunidades. En la que el colombiano que vive del rebusque y la informalidad pueda conseguir un crédito con tasas livianas y decentes. Otra opción sería, que los Bancos y Entidades Financieras flexibilicen sus condiciones para que más personas tengan acceso al sistema financiero. Aunque bien sabemos que el sistema bancario en Colombia es voraz y solo le interesan sus propias ganancias. Hoy tenemos miles de colombianos “muertos” crediticiamente por estar reportados en Datacrédito.

Por último y no menos importante, hay que retomar la Educación Financiera en las Escuelas y Colegios. Hay que educar a las personas para que manejen adecuadamente sus finanzas. La educación financiera le permite al ciudadano entender cómo funciona la economía y desarrollar capacidades para tomar decisiones financieras acertadas. Inculquemos a nuestros niños el valor del ahorro y de la austeridad, ensenémosles a no ser organizados y disciplinados con el dinero, a no despilfarrar (como lo hace el gobierno con nuestros recursos) y sobre todo, a no gastar más de lo que ganan. Solo así, pondremos fin a ese nefasto y vicioso círculo de vivir del préstamo y del fiado. Recuerdo que cuando fui profesor de Primaria, el BBVA desarrolló en la Escuela un programa de educación financiera para los niños, entregaban cartillas ilustradas con muy buena información y regalaban alcancías.

Adenda 1: el alcalde Jorge Iván Ospina debería usar recursos del Empréstito que por 650 mil millones de pesos le aprobaron el año pasado, y crear “El Banco de las Oportunidades Caleñas”, para que trabajadores informales y pequeñas empresas puedan acceder a microcréditos.

Adenda 2: en su campaña presidencial de 2018, el subpresidente Duque pronunció estas palabras: “Yo quiero acabar con el ‘gota a gota’ y promover una amnistía para muchos campesinos que están reportados en centrales de riesgo” ¿Qué paso señor Duque? Se le acabo el periodo -por fortuna- y los colombianos seguimos esperando.

Adenda 3: la Ley de “Borrón y cuenta nueva”, es una oportunidad de oro para que muchos colombianos limpien su reporte negativo en las bases de datos financieras (Datacrédito, CIFIN, etc). Esperamos celeridad en el estudio de constitucionalidad que la Corte Constitucional le está haciendo a esta Ley, para que finalmente pase a sanción presidencial.

Adenda 4: una tarjeta de crédito puede ser una buena opción para solucionar un imprevisto o comprar un artículo/producto a una sola cuota; sin embargo, tenga en cuenta que por el alto nivel de riesgo que tiene, los intereses son altos y precisa cuota de manejo. Yo no se las recomendaría ni a mis malquerientes.