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#Columna – La otra cara del Zoológico

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Con la ‘Carrera del Zoo’ cerca, tuve la oportunidad de hablar con el equipo detrás de la Fundación Zoológica de Cali; a la cual, por supuesto, pertenece el zoológico de la ciudad; buscando entender un poco más el funcionamiento de un lugar sobre el que ha caído tanto estigma los últimos tiempos, con la conciencia ambiental en auge; la cual, por fortuna y a pesar de la situación en que se encuentra el mundo; sigue conquistando y educando, día a día, sobre todo, a las nuevas generaciones.

Con tanto índice de maltrato animal y veinticuatro especies declaradas extintas en 2019, según datos de la National Geographic; puede parecer difícil, en un principio, asimilar la misión de estos sitios, más allá del entretenimiento. Animales en jaulas es todo lo que vemos. Sin embargo, ¿sabías que la mayoría de criaturas que habitan en el Zoológico de Cali ha sido rescatada del tráfico ilegal de fauna?

Se trata de seres llevados al lugar por autoridades ambientales como el Dagma o la CVC y, en un alto porcentaje, son incapaces de sobrevivir de nuevo en la vida silvestre; ya que, comúnmente, los vendedores ilegales los extraen de esta a muy temprana edad.

El resto llegan mediante convenios de cooperación con otros zoológicos del mundo; seres que, a su vez, han sido rescatados en estos sitios. Esto con la intención de afianzar la conformación de familias, favoreciendo la reproducción. En el caso de las crías, al crecer en núcleos naturales, muchas se vuelven aptas para la reintegración a su hábitat salvaje; al igual que algunas especies de naturaleza más autónoma, cuyo instinto y evolución están tan arraigados a su ADN, que terminan siendo plenamente aptas para la reintegración; como en el caso de cinco especímenes del Cóndor de los Andes que fueron liberados por el equipo del zoológico años atrás. También puede pasar que un individuo llegue por una temporada, digamos que tras haber sido atropellado; de manera que, después de brindarle la rehabilitación física necesaria, no tiene inconveniente para retomar su vida salvaje.

Aparte, las instalaciones que conocemos hacen parte de una versión mejorada en calidad y bienestar animal, gracias a la administración de tipo mixto con la que cuenta desde los años ochenta; la cual, incluso, fue acreditada por la Asociación de Zoológicos y Acuarios (AZA), entidad estadounidense que, hasta ahora, no ha avalado a ningún otro zoológico del país.

La fundación también hace trabajo comunitario y adelanta procesos de conservación en bosques de la zona. Por ejemplo, junto a la organización deportiva Juancho Correlón, lleva aproximadamente diez mil árboles sembrados en dos años. Asimismo, se ha unido con otras instituciones en busca de la recuperación de bosques en todo el país.

De manera que, aunque es lógico que el cautiverio no es ideal para ningún ser vivo (y algo microscópicamente parecido vivimos los humanos durante la cuarentena), muchos animales que viven en el zoológico vienen de condiciones de crueldad y martirio que ni siquiera imaginamos. Llegan, incluso, al borde la muerte, golpeados, desnutridos, deshidratados. La misión ambiental de estas entidades es constantemente subvalorada, sino ignorada. Han vivido siempre rodeadas de juicios; cuando la verdad es que, ¿quién se haría cargo de estas criaturas, si no fueran ellas?

Por último, desde el Zoológico de Cali, recomiendan a los ciudadanos, en caso de encontrar algún animal silvestre herido, por favor, no alimentarlo; sino brindarle hidratación y llamar de inmediato a un ente público como la Policía Ambiental (3168931997), el Dagma (602-6684340) o la CVC (602-6206600). No sea que, por querer hacer más, terminemos perjudicando a un animal indefenso.