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#Columna – Peligro sin frenos en Cali

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Por: Zalathiel Cárdenas.

Desde hace algún tiempo se ha venido promoviendo el uso de la bicicleta como un medio alternativo de transporte. Y no es para menos, la proliferación de vehículos que se ven en las calles es aterradora. Algunos dirán que esto es una demostración de cómo ha mejorado el poder adquisitivo de los colombianos, otros más pesimistas vemos un gran problema detrás de esto.  Un artículo publicado en 2017 por el Diario El País de Cali, reveló que ésta fue la segunda ciudad de Colombia que más vendió carros en el 2016 -superada solo por Bogotá- y otro estudio realizado por BBVA Research, mostró que en la capital vallecaucana se vendieron 25.800 autos y 540.000 motocicletas nuevas. Esto indica que, en el 18% de los hogares caleños hay un carro y en el 35% una moto.

Las consecuencias del uso de transportes que requieren combustibles fósiles para funcionar son conocidas y nefastas para el medio ambiente. Mencionemos algunas de ellas: al quemarse la gasolina que utilizan los carros y motos, se emite gran cantidad de Dióxido de Carbono CO2 (gas de efecto invernadero) que genera exceso de temperatura y contribuye al calentamiento del planeta;los carros y motos son responsables del 80% de emisiones de Dióxido de Nitrógeno NO2 (gas toxico e irritante) y de material particulado causante de enfermedades respiratorias y cardiovasculares; los carros y motos causan un excesivo ruido que ocasiona problemas de comunicación y salud: irritación, cansancio, insomnio, ansiedad, depresión, irritabilidad entre otras y finalmente, el aumento de carros y motos ha ocasionado un problema de espacio público, puesto que estos ocupan una mayor superficie. Quienes han ido a una cita médica en el barrio Tequendama, saben de qué les hablo.

Parece existir un consenso generalizado sobre las ventajas del uso de la bicicleta como medio de transporte alternativo. Son económicas y fáciles de usar, no generan ruido, ocupan menos espacio y trabajan con energía humana. Son apropiadas para recorrer distancias cortas o intermedias, son más eficientes en relación energía consumida/recorrido, ayudan a mejorar la salud física de quien las usa, a fortalecer los músculos, a estimular la actividad cerebral, a quemar calorías y a activar el funcionamiento del sistema cardiovascular.

Pese a lo anterior, deben existir unas condiciones mínimas para incentivar su uso: educación y cultura ciudadana, respeto por los biciusuarios, modernización y construcción de nuevas vías y carriles exclusivos para bicicletas (no reducir más la estrechas vías que Cali tiene), divulgar las políticas públicas que promocionan el uso de la bicicleta (Ley ProBici /1811 de 2016), incrementar la instalación de bulbos viales que reduzcan y desincentiven el uso del vehículo y no menos importante, garantizar condiciones de seguridad para los usuarios.

Y este es el punto fundamental de este asunto. Mientras en Cali no existan condiciones de seguridad, será difícil movernos en bicicleta. Recordemos que en 2018, en la localidad de Kennedy – Bogotá asesinaron a Dairo García por robarle su bicicleta. Un joven de 33 años y que en su honor la Cámara de Representantes tramitó una Ley con el fin de “crear un Registro Único Nacional de bicis, buscando mayor seguridad, identificación, control y protección a los biciusuarios y sancionar a las personas o locales donde se comercien bicicletas hurtadas y se promuevan seguros todo riesgo voluntarios”. Tendríamos que pedir a expertos cifras oficiales sobre el hurto de bicicletas en Cali que sigue siendo alto.

Exijamos a las autoridades administrativas de la ciudad garantizar condiciones de seguridad para que los ciudadanos nos podamos movilizar en bicicleta, mayor pie de fuerza en las calles, rutas seguras, cámaras de seguridad funcionando y a los ciudadanos a no promover el delito comprando bicicletas robadas o en sitios que no están autorizados para su comercialización.