#Columna: DE TU PATRIA, COMPAÑERO

 

Hace unos días un grupo de jóvenes venezolanos cruzaba Popayán. Sin dinero, sin conocidos, cansados y hambrientos, tenían como objetivo llegar a tierras peruanas, donde según ellos, existen más oportunidades económicas. Eran once, de entre dieciocho y veinticinco años. Caminaron desde la frontera con Cúcuta, y ahora, casi desfalleciendo y con ampollas en los pies, marchaban en otra ciudad llena de curiosos por el éxodo sin sentido que se posaba en su localidad. Un grupo de paisanos decidió, viendo el estado en que se encontraban, darles refugio en su casa donde los jóvenes pudieron bañarse, comer y descansar al fin.

En 1966, el escritor caribeño Álvaro Cepeda Samudio, escribió una nota sobre el país vecino de Venezuela. Por ese entonces esta nación florecía debido al auge del petróleo. Miles y miles de millones de dólares llegaban a sus arcas, convirtiéndola en uno de los lugares más codiciados para vivir en el continente latinoamericano. No era extraño ver en esa ápoca miles de colombianos emigrar y convertir a Venezuela en su hogar, con el afán de recibir los beneficios que su suelo brindaba. Esa es una de las causas de que hoy en día muchos colombianos tengan familia en ese país.

Sin embargo, por más riquezas naturales que una nación pueda tener, decía también Cepeda Samudio, eso no significa nada si no está sustentado por un pueblo que las utilice y regule. Por ese entonces, y estoy seguro de que ahora igual aún con los problemas el pueblo venezolano utilizaba sus recursos en pro de construir un país donde todos sus habitantes pudieran convivir de una manera digna y respetuosa para con sus coetáneos. Doctoras, profesores, empresarios, recogedores de basura, constructores, pilotos, estudiantes se veían impelidos por su sentido de comunidad, a crear un lugar donde todos tuvieran las mismas oportunidades.

El pueblo venezolano, su gente, entendía que los recursos de un país deben ser utilizados para el bien común, y no para los beneficios de pocos que se concentran en el poder, por el poder. Diferentes partidos políticos ayudaban a las construcción de esta nación, y por un tiempo esa fue su gran fuerza (aún lo es) y no el petróleo, las hidroeléctricas o los millones que pudiera generar.

Hay dos formas de referirse sobre una nación; se pueden mostrar las estadísticas, sus ganancias, las empresas que en él habitan, el dinero que genera o se puede hablar de las personas que cada día se levantan, construyen y llevan sobre sí, para bien o para mal, algo tan abstracto como una patria.

Lo que todos estamos viendo hoy en día, sin prestarle atención, como una noticia más en este mundo de infortunios; es el desplazamiento del bien más preciado que tiene un país. Los continuos problemas sociales y económicos han hecho que muchas personas de Venezuela lleguen a nuestro territorio en busca de mejores oportunidades, del mismo modo que llega a todos los países del continente americano.

La pregunta esencial en este asunto es ¿cómo debemos actuar? A mi parecer tenemos dos opciones: caer en la xenofobia y el miedo, o podemos entender quiénes son las personas que están llegando a nuestras ciudades, comprender que tras ellos existe todo un camino recorrido, que quizá también recorreremos. Personas que poseen la clave (se vio en el manejo de los recursos naturales, y su compromiso político, que hicieron en el pasado) para sacar a un país adelante. Personas cuyas condiciones son el resultado de un mal manejo gubernamental y que, igual que nosotros, aún deben aprender mucho. El rechazo, el olvido, la indiferencia, el miedo no deben poseernos.

Hace unos días, mientras devoraba ávidamente un plato de sopa, uno de los jóvenes venezolanos dijo que no debíamos sentirnos mal por ellos, que esa situación puede ocurrirle a cualquiera, y tiene razón. Antes, nosotros los colombianos, emigramos por faltas de oportunidades y hoy, en pleno 2018, no es diferente. Cientos de nuestros compatriotas alzan vuelo a tierras extrañas, en busca de un paraíso lejano. Ante el éxodo que se vive hoy en día, debemos vernos como frente a un espejo. En días futuros, cuando todo no sea más que historia en los libros, miraremos hacia atrás, el mundo mirará hacia atrás ¿qué veremos entonces? Mientras tanto, los jóvenes siguen su camino al Perú, la esperanza camina a su lado, al igual que el deseo de decirse entre ellos, mientras ven de nuevo un bello amanecer venezolano, esta es tu patria, compañero.

 

Comentarios

comentarios

Leave a Reply