#Columna: LA DEPRESIÓN SÍ EXISTE, Y LOS MILLENNIALS, LA PADECEMOS

#Columna: LA DEPRESIÓN SÍ EXISTE, Y LOS MILLENNIALS, LA PADECEMOS

#Columna: LA DEPRESIÓN SÍ EXISTE, Y LOS MILLENNIALS LA PADECEMOS

Hace siete años, leí por primera vez un diagnóstico médico que decía “depresión nerviosa” y junto a él, una receta de medicamentos, que ayudarían a controlar el malestar. Digamos que las pastillas funcionaron, y las terapias de ese entonces ayudaron mucho más. Creí por un par de años que ya estaba aliviada, así como cuando te curas de una gripa o te operan de apéndice (se había ido eso que me afectaba), pero no fue precisamente así.

Con el tiempo, y a medida que yo crecía personal y profesionalmente, fueron apareciendo de nuevo la agonía, la ansiedad, el llanto, el miedo, el desconsuelo, las múltiples preguntas existenciales sin respuesta alguna, y la infinita sensación de estar sola, de no lograrlo, de sentirme estancada, y un par de emociones más, que seguro ustedes en algún momento también han sentido.

Comprendí que lo que me habían diagnosticado años atrás, no se iba a ir tan fácil como una gripa. Quizás conocer cuál era la razón o las razones que hacían que esta surgiera una vez más, cada tantos meses, me ayudaría a reaccionar positivamente frente a ella, así que me propuse tratar de entender esta enfermedad, llamada depresión.

“Síndrome caracterizado por una tristeza profunda y prologada, y por la inhibición de las funciones psíquicas”, la anterior es la definición técnica que podemos encontrar en cualquier enciclopedia, o portal de búsqueda sobre depresión. Por otra parte, la estigmatización social que hay sobre esta enfermedad, hace que en muchos casos se le vea como un simple estado de ánimo, donde estas bajo de nota, o triste.

Resulta que ¡NO es así! no es una simple tristeza, capricho, berrinche o ganas de mimos que con un helado se aliviarán. Es una enfermedad que afecta directamente la psiquis, y está relacionada con alteraciones hormonales y fuertes descargas emocionales. Según la Organización Mundial de la Salud, este trastorno afecta a un 4,7% de colombianos, siendo nosotros los jóvenes, en mayor parte, los más afectados.

Es difícil comprender esto cuando estas joven y te dicen que lo tienes todo, que no deberías estar triste, e incluso, que al llorar estas malgastando tus mejores momentos, y sí, quizá exista algo cierto en esas palabras, no hay porqué estar triste si aún estamos muy jóvenes para lograr lo que queremos, no hay razones suficientes para pasar los días meditabundo y en medio de lágrimas.

Pasa que los jóvenes de hoy, muy bien ya nos lo han dicho, tenemos afán y queremos ver resultados pronto. Queremos al graduarnos encontrar un buen empleo y que sea bien remunerado, queremos poder asumir una independencia, y otras tantas proyecciones personales que tenemos, se nos van atascando un poco, por las circunstancias socioeconómicas que maneja el país, por lo que nos empezamos a sentir frustrados o estancados.

El afán de la mano con la impaciencia no es una buena combinación, y  creo que la frustración es una sensación muy común, ahora entre los millennials. Claro, no todos los jóvenes la sufren o se les vuelve tan prolongada o crónica, la “tristeza”.

Simon Sinek, escritor y motivador inglés, dice que los millennials somos depresivos y tenemos baja autoestima, y que todo esto tiene que ver con el contexto y la forma en la fuimos criados  “Sus padres les dijeron que eran especiales y que podían conseguir todo lo que se propongan con sólo quererlo. Pero al entrar al mundo laboral, se dan contra la pared y su autoestima baja. Además, haber crecido en el apogeo de la era de la información, donde la conexión constante es moneda corriente, los ha transformado en seres impacientes” (fragmento de una charla dada en el programa Inside Quest con Tom Bilyeu)

Ahora resulta que no solo somos la generación perdida, sino que somos una de las generaciones más afectadas por este trastorno mental, y las estadísticas no mienten, la OMS  ubica a Colombia por encima del promedio mundial, con el 4,7 que se evidenció en el año 2017.

Gracias al aporte de Sinek, podemos decir que si somos impacientes, no es precisamente nuestra culpa, pero yo les voy a decir con criterio algo, y es que esto no es divertido, no es un juego o un mal sueño del que te levantas llorando, te secas las lágrimas y ya está, tampoco es el fin del mundo, pero sí hay que prestarle atención.

Cada año esta enfermedad cobra vidas, y muchas han sido de jóvenes, incluso infantes, con años enteros de vida para lograr sus sueños, pero las circunstancias, la impaciencia, el afán y quizá muchos miedos, los cegaron y terminaron llevándolos a tomar esa decisión.

Yo no tengo la cura, pero he aprendido un poco, que la paciencia puede ayudar a sobrellevar los bajonazos, que estar callado no es sano, y que siempre es bueno contar con un buen amigo que te escuche, o en su defecto, te lea.

“Paciencia pequeña saltamontes. Las cosas buenas les llegan a aquellos que saben esperar.” – Cazadores de Sombras.

 

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