#Columna Las guerras también son lo que no parecen

#Columna Las guerras también son lo que no parecen

Las guerras también son lo que no parecen

Todos conocemos las Guerras Mundiales, ¡O sea, obvio! Lo que quizá desconocemos es que como humanidad no podemos estar más lejos de tener tan solo un par de enfrentamientos bélicos registrados. Por alguna razón, nuestra especie parece estar siempre alegre y particularmente dispuesta a fusilarse entre ella. 

Sin embargo (y siendo fuertemente optimistas), algo bueno de las guerras es que podemos aprender mucho de ellas: algunos países ganan, otros desaparecen y otros… pierden batallas contra sí mismos. Este es el mejor ejemplo de esa frase cliché que usan en los libros de autoayuda cuando dicen que ‘el peor enemigo está dentro de ti’. 

En la Batalla de Karánsebes, Austria le dio una paliza que nunca olvidará a, bueno, Austria. 

Como parte de la guerra contra Turquía entre los años 1787 y 1791, el 17 de septiembre de 1788 una facción del ejército austriaco conformado por nacionales, alemanes, polacos, franceses, se preparaba a las afueras del pueblo de Karánsebes para defender el pueblo y conservar el control del río Danubio

Como parte de su estrategia infalible, los campamentos debían ser patrullados por un grupo designado de caballería, los cuales, en medio de la ejecución de su tarea, resolvieron que comprar alcohol a unos gitanos que se encontraron era buena idea. ¿Qué podría salir mal? 

Mientras nuestros distinguidos caballeros disfrutaban de unos tragos, un grupo de infantería los alcanzó y con ánimo quisieron hacer parte de la celebración. A nuestros caballeros no les pareció digno compartir el trago con estos ‘soldaduchos’, y esto desencadeno una reacción en cadena brillante. 

(1) Soldados de infantería quieren alcohol. 

(2) Soldados de caballería agresivamente los rechazan. 

(3) Ambos grupos de soldados comienzan una discusión. 

(4) Las palabras (en posiblemente más de dos idiomas) se transforman en puños. 

(5) La trifulca se descontrola tanto que a uno de los soldados se le suelta un tiro que retumba sobre todo el campamento. 

(6) A otro brillante soldado se le ocurre que es buena idea gritar ¡TURCOS!

(7) Todo el maldito mundo entra en pánico y un staccato de balas diezma las tropas austriacas, confundidas, borrachas y nerviosas, pensando que estaban bajo ataque de sus enemigos. 

Al final del espectáculo, la cifra ronda los 10,000 soldados entre heridos y fallecidos. 

Los turcos aparecieron dos días después para ver el reguero de cuerpos, confundirse y luego aprovecharse del físico mierdero para tomar posesión del pueblo y control del río. 

Si tuviste la misma reacción que yo después de conocer la historia por primera vez, no hay duda de que identificaste este gran acontecimiento como un ejemplo contundente de que el alcohol y los humanos somos una combinación, por mucho, estúpida.

La fría y dura, madre Rusia

Otro caso un tanto más conocido, hace referencia a dos personajes similares tanto en ideología como en reconocimiento. Napoleón y Hitler comparten más de lo que crees, y es que ambos metieron la cabeza donde no debían y les sacaron los ojos. 

Es más bien conocido que Hitler perdió la guerra por traicionar su pacto con la URSS y querer fusilarles el trasero de todas formas – aunque hay muchos más detalles que llevaron al ejército nazi al fracaso, lo cierto es que dividir sus tropas en dos frentes principales, y que uno de esos grandes frentes tuviera como misión invadir Rusia con el invierno a la vuelta de la esquina y sin provisiones adecuadas, fueron los elementos que dieron la estocada final. 

Las órdenes del Fürher fueron invadir a como dé lugar, sin tregua y sin chance de retirada. Los soldados avanzaron hasta que el frío se encargó de mutilar las tropas y poner en jaque los restos de ejército alemán sobrante. 

Por supuesto, esta no era la primera vez que el frío mortal le ofrecía una victoria a los rusos… ¡Y Hitler lo sabía!

Algunos historiadores dicen que el líder nazi fue advertido en varias ocasiones de las precauciones que debía tomar, e incluso fue ilustrado con el ejemplo de Napoleón Bonaparte, pero esto no sirvió de nada. 

En junio de 1812, con uno de los ejércitos más poderosos vistos en la historia de Europa, Napoleón quería arrasar e invadir Rusia en tiempo récord (algo así como el Blitzkrieg o Guerra Relámpago de los alemanes); sin embargo, lo que arrasó fue el frío con el ejército del pequeñín. 

Los rusos aguantaron lo suficiente como para que el frío hiciera con los franceses lo mismo que haría con los alemanes más de 100 años después. Esta fue la magnífica estrategia que inició el camino del ejército francés a su derrota en Waterloo, Bélgica.  

La naturaleza de lo estúpido

Enterarnos de esto como parte de nuestra Guía práctica para llegar al fin del mundo es importante porque, hablando un poco más en serio, las guerras moldearon el mundo tal y como lo conocemos ahora. Y no me refiero solo a las Guerras Mundiales.

Aquí te dejo una lista de las guerras de las que hasta ahora llevamos registro, con el ánimo de hacernos una idea del panorama histórico. 

Peeero… como abordamos esta columna, también descubrimos que los elementos más sangrientos y bárbaros de nuestra historia no tienen que ser necesariamente los más impecables, liderados por los mejores estrategas de todos los tiempos. ¿Por qué? Porque a partir de aquí comenzamos a responder esa pregunta que hicimos al comenzar nuestra Guía: ¿Cómo llegamos a esto?

En esta ocasión, podemos decir que fue gracias a las tercas decisiones de los líderes y/o miembros de los ejércitos. Estratagemas cuidadosamente desarrolladas y con resultados deslumbrantes hasta que… alguien la caga. ¿Nos suena familiar? 

 

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