#Columna: Veo gente tóxica

#Columna: Veo gente tóxica

 Veo gente tóxica

Veo gente tóxica

Hay muchos conteos en Internet sobre cómo reconocer relaciones tóxicas en nuestros entornos, sin embargo, algo que me parece sorprendente es que todos podemos llegar a ser expertos en reconocer a un ser tóxico, pero muy pocos podemos aceptarnos en cierto momento como tal. Así lo aseguraba la psicóloga Claudia Rodríguez, cuando afirmaba que con la mediación y difusión de redes y aplicaciones, la comunicación comenzaba a volverse fantasiosa e idealizada. De ahí es que proviene que de repente nos mostremos más preocupados no por lo que dice la otra persona en un simple mensaje, sino por lo que quiso decir.

Las nuevas formas de comunicarnos han afectado de alguna manera u otra nuestras relaciones personales, nos hemos vuelto tan dependientes a ellas y a la forma en la que creemos que los demás se expresan, que ha aumentado indiscutiblemente el estado conflictivo y defensivo en los humanos. Aquello es un indicio indispensable de que comenzamos a hacernos tóxicos. Tal parece que ahora nos creemos con la potestad de criticar al otro solamente porque sí, porque nos nació, porque no nos gustó su contenido en las plataformas digitales y por eso comenzamos a hacer comentarios despectivos, como si lo que hubiese detrás de una foto en bikini o en el gimnasio, no fuese una persona como nosotros, igual de vulnerable y lleno de imperfecciones. De igual manera las críticas negativas no se hacen esperar.

Conozco la historia de una amiga que ha terminado varias de sus relaciones amorosas por WhatsApp, y no lo niego, me llegué a preguntar “¿es realmente posible que se haya perdido tanto el respeto por el otro, como para cortar con un mensaje, un audio y un cruel visto? En relación a esto, el psicólogo y escritor Walter Riso, autor de “Ya te dije adiós, ahora cómo te olvido”, recomienda que en la era de las redes sociales, como medida de superación, se debe empezar por eliminar el número y bloquear a su expareja para evitar las tentaciones. Y sí, puede que alguno no lo considere lo más “maduro”, pero, seamos sinceros, si muchos en nuestro duelo ni siquiera tenemos la inteligencia emocional para dejar ir a la otra persona en un consensuó mutuo sin necesidad de victimizarnos, ¿cómo esperamos siquiera dejar de torturarnos viendo fotos, estados en WhatsApp, historias en Instagram, que muy seguramente se van a multiplicar bajo la premisa de “ya te superé, mira lo bien estoy sin ti”?

Este tipo de comportamientos, pueden llegar a convertirte en una persona con un grado de toxicidad, sobre todo cuando estás en grupos de amigos con el corazón partido y no tienes nada más de qué hablar. El mundo para ti es oscuro, supuestamente las fotos de parejas felices no te interesan o simplemente cuando vuelves a buscar información, no paras de hablar de lo mismo o de contar historias que te victimizan. “Desinformarse”, según Riso suele ser una de las etapas más difíciles de asumir, ya que genera como un hueco en el estómago por inanición; sin embargo es lo recomendable.

Ahora bien, ¿cómo reconozco en el día a día a una persona tóxica? Las relaciones tóxicas se pueden dar entre familia, amigos, conocidos y parejas. Algunos comportamientos más comunes se encuentran en las quejas, una persona tóxica vive lamentándose por todo, ven las cosas siempre por el lado negativo, le buscan un “pero” a cualquier situación y no asumen las responsabilidades de sus actos. Es más, te hacen sentir culpable de sus desgracias. Muchas veces mienten, no hacen nada por avanzar y se resisten a realizar cambios. Experimentan emociones como la envidia, la soberbia y les es casi imposible ocultarlo. Así que, si al leer este párrafo, querido lector, has reconocido alguno de estos comportamientos en ti, o alguien se te viene a la cabeza, mantente atento, porque a la larga amar, o estar con una persona tóxica, no solamente te enferma; te hace infeliz y deprimente.

Así que, para finalizar, quiero compartir esta frase de Dalai Lama “Deja ir a personas que sólo llegan para compartir quejas, problemas, historias desastrosas, miedo y juicio de los demás. Si alguien busca un cubo para echar su basura, procura que no sea en tu mente”.

 

Escrito Por: Paula Ibarra.

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