#Columna: Imágenes 

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Imágenes   

Una mujer va en bicicleta por una calle con mucho tráfico, y lleva un ramo de flores de diferentes colores en la cesta; un indigente lleva un perrito, tiene el pelo mojado y una cabuya atada a su cuello; una llamarada de color amarillo intenso, lame el techo de la cocina de un restaurante; una mujer, que lleva puestos un gorro y delantal blancos, atiende una carnicería, y desliza un cuchillo sobre otro a toda velocidad; un hombre sentado en la terraza de un café, con jean azul y tenis rojos, teclea frenéticamente su portátil, y no deja de mover su pierna derecha, cruzada sobre la otra, de forma nerviosa.

Es difícil precisar la cantidad de imágenes que vemos en un día. Al decir imágenes me refiero a esas tajadas de escenas de vida de otras personas, mientras realizan sus labores diarias.

Todas estas imágenes son fragmentos de historias de las que se podrían escribir grandes obras literarias. Me pregunto, qué tipo de recuerdos e información llevo en mi cabeza para que las imágenes que mencioné, los despertaran y  captaran mi atención.

García Márquez tenía un gran aprecio por las imágenes.  En una transcripción de un taller de guion que dictó, contó que una vez hojeando una revista Life, se encontró una foto del entierro del emperador japonés Hirohito.  En ella salía Michiko Shōda la nueva emperatriz y esposa del emperador Akihito.  Está lloviendo y se ven los guardias imperiales fuera de foco con impermeables blancos, y más al fondo la multitud de asistentes con paraguas y trapos sobre sus cabezas. En el centro de la foto, sola, delgada, con un velo y paraguas negro, sale la emperatriz.

Saber mirar

Márquez cuenta que apenas vio la foto, lo primero que pensó es que allí había una historia; no la de la muerte del emperador —la que intenta contar la imagen—sino otra relacionada con la emperatriz y que, cinematográficamente, se podía narrar en media hora, pensó el escritor.

Dijo que la imagen quedó patinando en su cabeza y que tiempo después eliminó de ella a los guardias vestidos de blanco, a las personas del fondo, y así sucesivamente hasta que se quedó únicamente con la imagen de la emperatriz bajo la lluvia; pero al final también descartó a la mujer y solo se quedó con el paraguas, y estaba convencido de que ese objeto contenía una historia.

Entonces podría decirse que las historias están justo enfrente de nuestras narices, contenidas en las imágenes que vemos a diario, y que lo único que nos hace falta es aprender a observar bien; escudriñar más allá de lo que ven nuestros ojos a primera vista para comenzar a narrarlas.

“Hay que tener fe en cualquier imagen original que le diga algo a uno; si dice algo, casi siempre es porque encierra algo.”  Gabriel García Márquez. 

 

Escrito por: Juan Manuel Rodríguez Bocanegra – @Vieleicht.      

 

 

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