¡Es la evolución, güevones!

¡Es la evolución, güevones!

Cuando entré a clases de tango, lo primero que me recomendaron fue que escuchara tangos y milongas cada vez que pudiera para acostumbrar el oído. Como hacerlo en la universidad es complicado si uno quiere interactuar con los demás, la solución obvia fue escucharlos en el celular mientras voy en el MIO. Pero para llegar a eso primero tuvo que existir el iPod, y antes el reproductor de MP3, el discman, el walkman, y así hasta llegar al radio de pilas. Y antes de eso tocaba cruzar los dedos para que el “señor conductor” no pusiera una emisora de ranchenatos a todo volumen. A esto se refiere el fundador de The Pirate Bay con su carta “It’s evolution, stupid”: la forma como nos entretenemos se va adaptando a las nuevas tecnologías que se van haciendo disponibles masivamente.

Sin embargo, los que todavía se resisten a esta evolución son paradójicamente las disqueras y los grandes estudios de Hollywood. Se acostumbraron a tener el control de los “medios de distribución”, o sea discos, cintas de películas y libros que nadie más era capaz de producir y vender. Pero se paniquearon cuando vieron que la gente podía bajar por Internet copias digitales (exactamente iguales al original, sin la pérdida de calidad de una copia de VHS o la fotocopia de un libro) sin que ellos pudieran cobrar. Entonces trataron de sacar versiones digitales de lo que habían hecho siempre (discos de música y películas) pero con DRM (tecnologías de control de acceso de contenidos para limitar su uso después de comprados). Esta es la razón por la que hasta hace unos pocos años algunos CDs de música comprados legalmente en una tienda no se pudieran escuchar en el computador, sólo en reproductores de CD. Y si queríamos escuchar en el iPod los CDs que tanto nos habían costado, tampoco podíamos: tocaba comprar otra vez las canciones en iTunes Store y bajarlas.

 

Pero como los piratas se las ingeniaban para violar los mecanismos de DRM, pronto fue evidente que éstos sólo servían para incomodar a los usuarios legales: no podíamos escuchar en el celular las canciones que habíamos comprado, ni quemarlas en un CD como copia de respaldo por si el iPod moría o nos lo robaban (un riesgo más bien alto por acá). Entonces en 2007 Steve Jobs publicó una carta abierta (Thoughts on Music) para convencer a las cuatro grandes disqueras gringas de que dejaran la bobada y permitieran comprar las canciones sin DRM. Finalmente lo logró en 2009.

Esto lo que demuestra es que sí hay opciones. Cerrar a las malas sitios de descargas como The Pirate Bay, MegaUpload o BTjunkie o pasar leyes como SOPAy PIPA realmente no soluciona nada. Es como si alguien descubriera que la esposa le pone los cachos en el sofá y “solucionara” el problema… ¡vendiendo el sofá! De lo que se trata es de cambiar el modelo del negocio y cobrar por los valores agregados que una copia digital no puede dar, como giras de conciertos, funciones de cine en 3D o ediciones con material impreso exclusivo.

Ahora depende de nosotros. Apoyemos a los que promueven modelos de negocio innovadores (pero legales), para que quienes quieren meternos la mano al bolsillo a las malas sin ofrecer nada nuevo a cambio se queden como el ternero.

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