¿Y por qué no me llamaste?

¿Y por qué no me llamaste?

Cuando estás esperando saber de alguien y esa persona no da señales de vida, cualquier explicación que dé después suena a disculpa chimba. Es que con tantas opciones que hay ahora para comunicarse, los pretextos de ahora se sienten casi como si un pollo lo escupiera en un ojo. ¿Qué saben ustedes de desespero si no fueron adolescentes antes del 2000?

Ahora todo el mundo tiene celular, incluso los poco afortunados que no pueden comprar uno y deben conformarse con el Blackberry del que se desenhuesó la tía. No es como antes en que tocaba llamar al fijo y cruzar los dedos para que no estuviera ocupado. La llamada en espera era una sofisticación tecnológica tan absurdamente avanzada como tener un reactor nuclear en el patio. Así que si sonaba ocupado no había de otra que colgar y volver a marcar a los pocos minutos. Sí, volver a marcar porque no había botón “re-dial”; de hecho no había botones sino que había que girar una ruedita para marcar cada dígito del número y esperar a que la ruedita regresara sola a la posición inicial para marcar el siguiente. ¿Y alguien es tan descarado de decir que no tuvo tiempo de seleccionar tu nombre en una lista? Me quiero volver chango…

Otra cosa tenaz antes es que no era raro que en cada familia hubieran dos, tres o hasta más niñas en ‘edad telefónica’, cuando ahora son pocos los valientes que se atreven a tener más de un hijo. Y eso era un problema porque cuando una de ellas por fin colgaba, uno tenía menos de 30 segundos antes de que la otra adolescente comunicativa se pegara del pobre teléfono por al menos una hora. Y a veces ni siquiera la paciente espera era suficiente, porque si no colgaban antes de las 10:00 pm ya uno no podía llamar, o se arriesgaba a que un papá energúmeno le pagara un vaciadón porque “estas no son horas de llamar a una casa decente”.

Ahora suponiendo que se alinearon los astros, la nena estaba en la casa, el teléfono no estaba ocupado, era antes de las 10:00 pm y uno logra esquivar con éxito a los hermanos bromistas, por fin podía uno hablar unos minutos con ella… hasta que aparecía la mamá de uno: “no se demore que el teléfono llegó carísimo el mes pasado”. “Fresca que me llamaron” mentía uno, pero no contaba con la astucia de la mamá que respondía con la campeona “después de cinco minutos empiezan a cobrarle también al que contestó”. Y entonces ella empezaba a montar guardia junto al teléfono para que uno colgara ante la falta de privacidad, porque en toda la casa sólo había uno en la sala y los aparatos inalámbricos eran un lujo solo visto en casa de los amigos de estrato 6. En cambio ahora le pueden cantar por celular la letra del reggaetón más sucio y degradante sin temor a que lo escuche alguien más que su interlocutora. Increíble.

Pero los tiempos cambian. De acuerdo con unaencuestadeNielsende 2011, antes que hablar lo que más hacemos con el celu es escribir mensajes y chatear. Así que si no te llama y tampoco se dignó a escribir por SMS, WhatsApp o un DM de Twitter, déjalo ir.

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