Decepciones romanticas

Estoy seguro que las decepciones románticas son algo que le ha pasado a todo el mundo alguna vez, incluso a uno de nosotros más que a otros. Y es que la última vez que me decepcione, la tristeza me cautivo con su melancolía y una mezcla de culpa; y no precisamente porque la otra persona me haya desilusionado, sino porque yo mismo lo hacía. Bueno, también porque ver a la chica que te gusta besar a otro hombre frente a tus narices afecta un poco el ego. Sí, el ego. Esa vaina que todos construimos en nuestro interior en base a las observaciones positivas que nos dan los demás. Después de tomar la decisión de abandonar el lugar donde ella se jactaba con otros –que no me enorgullece–, me permitió reflexionar sobre lo que había acabado de pasar.

Recapitulaba en mi mente la escena donde la chica besaba a otro tipo –un idiota cualquiera–quizá porque el ambiente se prestaba para ello, el alcohol y otros factores que desconocemos, que hacen parte de la mente de la chica y que no sabremos nunca. Bueno, a menos de que se lo pregunte algún día, cuando no me sienta ridículo. Y ese es el punto, el que quiero discutir en esta columna de opinión: Me sentía ridículo.

Las decepciones amorosas duelen, porque nos hace ver tontos, porque al final somos nosotros quienes tomamos la decisión de creer en las palabras del otro, en la ilusión que construimos a partir de comportamientos que nos enseñan a la medida que inundamos y satisfacemos la curiosidad por nuestro acompañante. Sin embargo, hay facetas, información que desconocemos, incluso contradictorias, porque asumimos que los demás están diciendo la verdad, o porque somos tan egocéntricos que creemos ciegamente conocer al otro con solo verlo a los ojos. Y eso no es más que ingenuidad, una de las verdaderas razones por la que duele.

Y sí, las decepciones románticas son una mierda. Eso está claro. Y no será la primera ni la última vez que usted y yo la sintamos. Quizás el futuro nos depara alguna que otra más, pero no hay que dejar de confiar. No hay que dejar de intentarlo. A veces, las decepciones románticas nos llevan a tomar actitudes déspotas, y negativas. Porque claro, nadie quiere sentirse mal, y mucho menos ridículo o tonto, por creer en cosas que jamás existieron, basándonos en deducciones personales con la poca información que tenemos del otro. Nuestro error. No obstante, aquella decisión, esa que nos habla al oído en las noches, que nos da razones suficientes para no confiar en nadie más, a veces… y sólo algunas veces… nos hace perdernos de la oportunidad de conocer gente increíble. Que está allí afuera, esperando también conocer alguien increíble como tú o como yo.

Yo creería que con más razón hay que abrir el corazón a pesar de que besen frente a ti otros labios que no son los tuyos. Un día, sin que te des cuenta, con el corazón abierto, alguien entrará, pedirá un café, se sentará con los ojos puestos en los tuyos esperando que seas el otro, el que viste ese día jugársela por la chica que te gustaba.

El que la besé finalmente.

Así que para una buena decepción amorosa, sin importar el caso; lo mejor es una cerveza, una empanada, y una sonrisa. Porque allí no termina el romance. Quien sabe, alguien podría estar mirándote ahora…

Por: Sebastian París

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