Dios proveerá

Dios proveerá

Los latinoamericanos tenemos fama de ser uno de los grupos humanos más religiosos y devotos del mundo; hay muchas películas “gringas” donde siempre hay un latino que reza antes de que aparezca el demonio, tiene corazonadas antes de que salga un robot extraterrestre del piso o es el experto exorcizando malos espíritus.

En los países del primer mundo (así llamaremos a los europeos y gringos, que creo que tienen copado el término desde hace rato), las creencias y religiones son tan variadas, que podemos decir que lo único que tienen en común es que creen en un ser superior, llámese Dios, Alá, Buda, Jehová, etc; al que siempre acuden cuando quedan atrapados entre los escombros de un edificio derrumbado o ante un ataque del enemigo, pero al que por lo general no nombran para nada más.

La diferencia entre nosotros los tercermundistas y los habitantes de los países más desarrollados, a la hora de hablar de religión se hace más evidente al ver un reality. El gringo, cuando siente que lo van a sacar del programa, por lo general hace un comentario como este: “Voy a esforzarme al máximo para aprovechar esta oportunidad, voy a seguir con mi sueño, no me importa lo que tenga que hacer, porque yo soy el próximo _________” (el espacio en blanco aplica para cualquier programa inventado en Gringolandia donde haya una competencia o algo parecido). Si lo comparamos con los participantes de nuestros realities, esta sería una de las respuestas que vamos a escuchar: “Pues si me tengo que ir, me voy, yo confío que Dios va a estar de mi lado, contra la voluntad de Él no puede nadie, confiando en él yo sé que me va a ir muy bien, y si no pues seguiré haciendo lo que siempre hacía”.

A parte del tono conformista que podemos ver en dicho comentario (y en la vida cotidiana), vemos también la marcada tendencia a dejar todo en manos de Dios, que no está mal, pues cada quien tiene derecho a profesar una libre religión; pero yo creo que es una de las principales causas por las que será muy difícil llegar a pertenecer al primer mundo, codearnos de tú a tú con grandes científicos y pensadores, y dejarle inventos y patentes al mundo que hagan una verdadera diferencia, porque todas estas creencias religiosas nos han formado como una cultura de esperar, tener paciencia, confiar, de que si no logramos algo es porque no nos convenía, porque Dios tiene designios más grandes para nosotros, y todas estas ideas nos vuelven conformistas, acomodados, luchadores pero no perseverantes; nos vuelven tercermundistas.

Estas creencias han formado la cultura que tenemos, el problema es que dichas creencias religiosas están muy arraigadas en nuestra mente, inculcadas por nuestros propios padres y transmitidas generacionalmente, por lo que es muy difícil cambiar. En muchos países desarrollados como Australia, la gente no es bautizada, no hace la primera comunión y  no se confirma, los que profesan el Hinduismo creen en muchos dioses, y no me imagino el infierno lleno de australianos y chinos solo porque no fueron bautizados. Esto me lleva a otra cosa ¿si hay tantas religiones con creencias tan diferentes, ¿cómo podemos evitar una eternidad condenados? Mejor deberíamos preocuparnos por que la Tierra no se convierta en nuestro infierno con tanto calentamiento global, guerra, hambre y enfermedad, y así el Dios al que le recemos esté orgulloso de nosotros.

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