Por qué.

Por qué.

Juanma Rodríguez

No hay pregunta más sencilla en el mundo que esas dos palabras compuestas únicamente por una sílaba.  A pesar de ser tan básica (podría decirse que pertenece al nivel 0.1 de indagación), nosotros los humanos, raza compleja donde cada individuo es un mundo completamente diferente a los otros, la olvidamos a medida que vamos creciendo.

Recuerdo que una vez en un paseo, un primito de un amigo mío, que tenía alrededor de unos 4 años, tenía patinando la pregunta en su cabeza y, al parecer, eran las únicas palabras que utilizaba para comunicarse con el mundo; cualquier cosa que le decían, bien fuera una orden, una pregunta, comentario, etc.  Contestaba con un rotundo y sonoro  “¿Por qué?”

Parece ser que en la  medida en que  nos hacemos viejos, el por qué de las situaciones, eventos, relaciones laborales, de amistad o emocionales; funcionamiento del mundo,  no nos importa de la misma forma que cuando estábamos conociendo el mundo  (¡ja! Como si ya lo conociéramos). Poco a poco vamos dejando que la vida nos amolde a los “trancazos”, que no suelen ser nada sutiles.  Vamos por ahí, creyéndonos los amos y señores de nuestras vidas, por culpa de un ego que tiende a  nublar todas nuestras acciones y que procura que desprestigiemos las de los demás

Entonces viene siendo cierto que cuando somos “adultos” nuestro niño interior muere. Ese que tiene la gran facultad de cuestionarse por todo lo que ocurre a su alrededor, bien los dijo la agrupación “Creed”:

“So let the children play

Inside your heart always

And death you will defy

‘Cause your youth will never die”

– Never Die –

Para evitar que el mundo continúe en esa caída en  picada, de la cual parece que no se va a salvar, usted sabe, guerras, hambruna, desigualdad, injusticias, etc. debemos comenzar a cuestionarlo todo, cualquier cosa que nos ocurra o que altere el curso de nuestras vidas, por más insignificante que sea, debe tener una razón de ser y es nuestro deber intentar averiguarla. El preguntarnos por todo lo que nos rodea e interactúa con nosotros, es como  hemos podido crecer como personas, pueblos y raza.  A pesar que en ocasiones  parezcamos los seres más malvados del universo; todavía debemos confiar en nosotros y tenernos algo de fe, pero debemos enfocar todos nuestros esfuerzos hacia el cambio, y ser capaces de escoger por nosotros mismos; porque aunque no lo parezca. Como lo dicen las 1280 almas en su canción DHZ: podemos estar cerca de un apocalipsis zombie, si es que este no ha empezado ya:

 

“Día a día el muerto andante
sale a hacer bulto en la ciudad
si uno no se fija mucho
pareciera una sociedad.”  

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