Disparar

Disparar

Juanma Rodríguez

Las armas de fuego no resultan ser más que otra de las tantas formas de opresión contra las que se enfrentan miles de personas diariamente; con el gran agravante de que más allá del miedo que infunden, tienen esa característica nefasta que las diferencia, de silenciar la vida de las personas con el simple accionar de un gatillo.

Al parecer dos guerras mundiales, cientos de  conflictos internos en los países alrededor del mundo  y locos que se arman hasta los dientes y salen a la calle a matar, disparando a  diestra y siniestra, no han sido suficientes para que el ser humano recapacite sobre el uso de las armas de fuego.

Mis primos practican tiro. Recuerdo que hace mucho tiempo sostuve una escopeta en mis manos, pues cuando somos pequeños, siempre tenemos la concepción que sostener un arma es algo grande; un evento digno de contar.  En el colegio también muchas veces jugué a la misión del deber, programa inmortalizado por “Paint it Black”, canción de los Rolling Stones, siempre seleccionado el bando de los gringos, porque se supone que ellos siempre son los good guys.  Algo debe estar fallando en nuestro sistema educativo, para que los niños se deleiten jugando a “disparar” armas de mentiras. Pero bueno, eso es tema para otro escrito.

Hoy quiero proponerle que si de verdad estamos tan mal, lo mejor es que usted también se ponga a disparar, pero de una forma distinta y constructiva.

Los libros, capítulos, páginas, sílabas, palabras, en resumidas cuentas, cualquier  “unidad” en la que se puedan agrupar letras, deberían ser las únicas municiones permitidas y disponibles en el planeta. Así, lo único que podríamos  disparar serían letras.  Si esto fuera cierto no cabría duda que todos deberíamos escribir o por lo menos hacer el intento. Algunos lo harían mejor que otros, y tal vez saldrían a la luz muchos de esos errores divinos de la escritura, esos que cualquier cosa que escriben, resulta ser simplemente perfecta.

Y es que escribir, a la larga, también resulta ser una especie de lucha, una de las últimas trincheras desde la cual siempre podremos “disparar” y oponernos a todos los absurdos que día a día nos propone la vida. Pero con la gran diferencia de que las letras son  armas  pacíficas  que construyen.  ¿Quién no, a lo largo de su vida, al leer  un par de párrafos, artículo, columna, ensayo, libro, etc. ha sido “impactado” de forma positiva? Me atrevería a decir que todos en algún momento, hemos encontrado en las letras de cualquier tipo de escrito un resguardo.

Todos deberíamos disparar letras, es gratis y plenamente reconfortante, tanto para el que las dispara como para muchos que las reciben.

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