Seguros

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Los seguros de  vida deberían tener otro nombre: “seguros para mantener el estilo de vida de sus seres queridos” o algo por el estilo.  Inevitablemente volvemos a caer en el  cliché de que lo único seguro en esta vida es la muerte; que no tiene problema en agarrarnos a cualquier hora y en cualquier lugar, y que tampoco distingue entre clases sociales. Viéndolo de esta manera hasta se  podría llegar a pensar que la muerte es una de las pocas cosas “justas” de  este mundo.

En este instante uno está vivo y al siguiente vaya a usted a saber qué le puede ocurrir, un meteorito a gran velocidad le cae en la cabeza o  un borracho, también a toda velocidad, lo arroya; parece ser que la velocidad está estrechamente ligada con la muerte, por eso es mejor cogerla suave.

Algo que no me gusta es todo el bombo que le damos a la muerte y que,  en torno a la misma, exista tanto negocio, donde unos  se lucran por medio de las desgracias ajenas; eso es algo que me parece inhumano.  Por un lado, tenemos las pólizas exequiales por persona o núcleo familiar; donde usted paga una mensualidad para que al momento de su muerte o la de alguno de sus seres queridos, tenga cubierto todos los gastos del funeral. A mí me aterra pensar de forma tan precisa sobre mí  muerte o la de algún familiar cercano, y mucho más  el hecho de hacerle una inversión a la misma; pero es que esto es algo que  resulta casi obligatorio pues un funeral puede estar costando de 2 a 7 millones, dependiendo de los lujos de su última “fiesta” en el planeta.

Los seguros de vida, en resumidas cuentas, buscan  que los beneficiarios puedan recibir una cantidad de dinero suficiente, que garantice un mismo nivel de vida después de que el asegurado muera.

Hace un tiempo me entró una llamada al celular de una señora de una agencia de seguros; para ofrecerme un seguro de vida.  A mí me molesta que llamen a ofrecerme cosas que no tengo ni un mínimo interés en adquirir, pero bueno, ese es el trabajo de algunas personas. Apenas detecto que me van a ofrecer algo utilizo la siguiente frase “Mire fulanito(a), la verdad no es que quiera sonar grosero, pero a todo lo que usted me va a intentar vender, le voy a decir que no”.  En esta ocasión la señora que me llamó, esquivó mi frase evasiva al mejor estilo Matrix y continúo hablando como si no le hubiera dicho nada.   

“Señor Juan Manuel, un seguro es bueno para que pueda seguir disfrutando de las cosas buenas de la vida como el amor, los amigos, etc.” Después de esta frase, le dije que no me parecía justo que se le diera ese índole comercial a la muerte; ante mi nueva estrategia obtuve como respuesta un “¿pero por qué no señor Juan Manuel?, mire que bla bla bla bla bla…”. Yo le respondí que la verdad no quería  exponer mis razones sobre el tema y que mejor dejáramos la conversación justo ahí.

La Señora finalmente dio su brazo  a torcer, nos sin antes despedirse con una frase que evidenció su mal genio: “Bueno don Juan Manuel de todas formas piénselo porque todos vamos para allá”.

Esta señora vaticinó que todos vamos a morir; dato la verdad poco útil. A la larga creo que no me interesan los seguros de vida porque no tengo hijos ni esposa y entonces sale a relucir mi alma de tacaño ¿qué sentido tiene pagar algo que uno no va a poder disfrutar?

Ahora bien, si el seguro de vida fuera una vida extra como las que ganan los personajes de los juegos de video; díganme donde firmo.

Por : Juan Manuel Rodríguez

Jma.rodríguez@gmail.com

@Vieleicht

 

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