¡Chucu Chucu de la montaña!

¡Chucu Chucu de la montaña!

Foto: Lina Botero

¿Y es que quién dijo que el chucu chucu es sólo para bailarlo pega’o? De la capital de la montaña, llegaron los candelarios del planeta de muy muy lejano: PUERTO CANDELARIA. En la ciudad de las pocas lomas, los muchos huecos y el tumbao salsero, los candelarios llevaron sus instrumentos de viento, de cuerdas con un toque de bandeja paisa para regalarle a las piernas y caderas caleñas un poco de ‘cumbia underground’. Juancho, Eduardo, José, Cristian, Didier, Juan Guillermo y todo el equipo del planeta imaginario se aferraron a los micrófonos de Mikasa Bar a gritar a todo pulmón esa música que corre entre cuentos y canciones.

Esta agrupación no es sólo una ‘secta’ de buenos músicos, sino un estilo pensado y proclamado a través del vestuario, de la interpretación y de los movimientos exagerados que ofrecen en tarima. A diferencia de muchas agrupaciones colombianas, estos 6 hombres (sin ninguna señorita) son una familia de personajes bizarros que le ofrecen a sus sonidos una personalidad un tanto juguetona, un tanto varonil y mucho (pero mucho) talento. Puerto Candelaria tiene al primo verde, al niño seductor, al comodín todero, al loco juguetón y a todos los personajes que se pueden encontrar en lo más recóndito de nuestra querida tierrita.

Puerto Candelaria es el mejor ejemplo de que la música no se trata de seguir reglas ni afinar notas, sino de entender que los sonidos hay que ponerlos a retumbar en la cabeza, en las caderas y en los pies.
La familia de Candelarios, además de locos, son unos músicos fascinantes.
Amén. [nggallery id=604]  [nggallery id=605]

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