#Cine: Camine A Ver Cine Colombiano

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Camine A Ver Cine Colombiano

 

#Cine: Camine A Ver Cine Colombiano

Porque somos más que comedia

Un escritor dijo hace algún tiempo que no se puede pensar mientras se corre. Quizá haya quien diga lo contrario – y no se equivoque – pero creo que si se trata de reconocer el valor de algunas de las películas que se han hecho en Colombia en los últimos tiempos, aquellas palabras serían por lo menos ilustrativas.

Muchos se rasgan las ropas y se toman la cabeza con ambas manos, cuando alguien ve con buenos ojos el cine nacional: gritan con un desdén tal, que sólo produce pasmo como si fuera un mal chiste. “Qué mala”, “yo me dormí a la mitad, es que era muy experimental” –como si todo, en cierta medida, no lo fuera– Pero ciertamente, hablar de esto es el lugar común en un país que siempre ha consumido más el cine de acción de las grandes productoras de Hollywood que
sus propias películas.

Quisiera advertir que vale la pena dejar de correr por unas cuantas horas, así podríamos pensar en la posibilidad de que existan narrativas distintas a las hegemónicas. Así podríamos empezar a ser conscientes del valor que tiene para este país, películas como “Señorita María” de Rubén Mendoza, “Ciro y yo” de Miguel Salazar, la “Amazona” de Clare Weiskopf y Nicolás Van Hemelryck, “Sal” de Wlliam Vega o “Pájaros de Verano” de Ciro Guerra y Cristina Gallego, esta
última que hace poco se estrenó en las salas nacionales.

Cine sin estereotipos

Ojalá nos ilustráramos lo suficiente como para estar en condiciones reales de realizar una crítica – sea o no mordaz –. Así nos detendríamos a considerar si es útil derrumbar el edificio en el que se erigen obras de gran factura, que le han apostado a un cine distante de las tendencias comerciales extranjeras, y que demuestran el genuino interés de cada vez más realizadores, ante la odisea de narrar a Colombia, sin poner el foco en la metralla y los dólares.

Justo ahora, cuando la dejación de las armas y la desmovilización de la mayoría de las FARC han dejado en evidencia las grietas que escondían muchos lugares tras una guerra de más de 50 años, donde muchas personas empiezan a creer que pueden salir a contar sus dramas más íntimos con la garantía de que no serán simplemente la indignación mediática de unos minutos en el noticiero, ver el cine con ojos de forastero engreído, es un despropósito.

Creo no equivocarme al recordar al cineasta y productor caleño Óscar Ruiz Navia, decir en la presentación “Epifanía”, película que codirigió junto con la cineasta sueca Anna Eborn, que ahora las personas no ven cine lento. Todos los que estábamos en la sala parecimos asentir, no sin cierta resignación. Pero me gustaría creer que llegaremos a un punto en el que nos detengamos a pensar en lo que significa el auge de esta clase de cine para Colombia, y en la urgencia de que seamos
los primeros en respaldar su existencia, antes que cualquier otro premio.

 

Escrito Por: Jhon Gamboa

Imagen: Cortesía – Mateo Contreras

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