#Clavitorial: ¡Vamos a la Rebelión!

#Clavitorial: ¡Vamos a la Rebelión!

¡Vamos a la Rebelión!

Trabajemos en rebelión y salvemos este cuento

Paremos todo, paremos las intenciones de un mundo mejor, de una sociedad más justa, de las ganas insaciables del corazón de cambiar una tendencia que nos va a llevar a acabarnos como seres humanos. Paremos todo si en verdad no entendemos el por qué del para qué. Muchos siguen esperando que el Chapulín Colorado salga detrás de una puerta, saltando de la alegría diciéndonos que no contábamos con su astucia y que lo sigan los buenos… Pero ¿Los buenos? ¿Quiénes son los buenos?

No queda de otra. Así como el Chapulín, un héroe sin ningún talento más que el que su corazón y fe le dictan, nos toca parar todo si para el cambio no estamos dispuestos a poner de nuestra humanidad, de lo único que realmente nos diferencia de cualquier especie o cualquier objeto en el universo conocido, sino sacamos lo “bueno”.

La hora ya inició, ya no es hora de iniciar, lo que sí tenemos que hacer y pretender es que la humanidad desde nuestras acciones, evolucione hacia el sentido que nosotros le queremos dar a este cuento que no ha puesto su punto final. Todos los días vemos cómo la revolución de las

cosas pequeñas se ve enfrentada a la “malicia indígena” que nos carcome desde que nacemos. Y digo nos carcome porque uno; en principio no creemos que nuestros antepasados padres sufrieran de tal malicia; y dos: porque al final esas palabras como muchas otras que han ganado popularidad, sólo nos limitan a no creer en este rollo. “Los políticos todos son iguales”, “que roben pero que roben poquito”, “capitalismo”, “socialismo”, “guerra”, etc. Al final son sólo dogmas que nos han implantado en el cerebro de tal forma que cuestionarlos, es cuestionarse existencialmente a uno mismo para que el conflicto nos sostenga en lo que los demás quieren.

Colombia pareciera ser el lugar preferido del universo para que lo imposible suceda, solo es ver las noticias: nuestra capacidad de sorpresa ya es casi que nula. Es decir que la mitad de ese camino que lleva a los soñadores a pensar diferente, a luchar por lo impensable y a batallar contra el destino, Dios, Alá, Yahveh, el Sol, la Luna, Buda o el que sea, de fábrica ya pre cargaron ese logro y nos dejaron dos niveles arriba del juego.

Dejemos de pensar en salvarnos en el día a día, como si la vida fuera una batalla donde alguno de nosotros saldrá vivo al final, victorioso y con el premio mayor. El premio ya está ganado: abrimos los ojos todos los días. Salvemos el

mundo salvándonos con los demás, miremos la realidad de las demás personas para entender la nuestra y construir en conjunto.

Salvar la patria no es más que un llamado a salvar lo mucho que tenemos y lo mucho que podemos construir. Que mirar para atrás en Colombia sea el recordatorio más vivo para sentir que la revolución de las cosas pequeñas es lo único que nos ha dado resultado: los deportistas, los científicos, los empresarios sociales, entre otros, todos, han salido de una rebelión ante el dogma y la rompen en el mundo.

Acabar con el mundo o con los demás es muy Kmainstream, y la rebeldía desde su definición es ser diferentes. Trabajemos en rebelión y salvemos este cuento entonces.

 

Escrito por:

Juan David Garzón

@Juandescribe

Ilustrado por El Clavo.

 

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