#Columna: 24 horas viviendo en el Primer Entorno

#Columna: 24 horas viviendo en el Primer Entorno

24 horas viviendo en el Primer Entorno

 

 

El día veinte de abril del año dos mil diecinueve, decidí desconectarme por veinticuatro horas de mi celular. Este mismo día opté por irme de excursión a un río llamado Charco Escondido, ubicado en el municipio de Jamundí.  A las siete de la mañana me desperté para alistar la comida que me iba a llevar para al viaje e inflar las llantas de mi cicla; ya que la aventura se iba a llevar a cabo en este medio de trasporte. Además, contacté a un gran amigo a su número fijo para coordinar la ida y el encuentro, y llegar puntual.

 

Mi amigo llegó a eso de las nueve de la mañana, a partir de ahí nos demoramos media hora para alistar nuestro equipamiento e ir hacia nuestro destino. En el camino hacia este río, estuve reflexionando frente al hecho de volver a vivir en el Primer Entorno; en donde nuestro cuerpo, así como los sentidos, vuelven a hacer la principal forma de comunicación con el mundo exterior. Mi amigo y yo estuvimos hablando un largo tiempo frente a esta forma de vida que el ser humano contemporáneo ha dejado rezagada, al final de esa larga conversación llegamos a esta conclusión; vivir en el Primer Entorno tiene una gran ventaja y a su vez una gran desventaja: la gran ventaja es que la comunicación se vuelve más relevante y trascendente porque esta interacción, aparte de ser verbal, también se puede realizar a través del tacto, el lenguaje gesticular y, por supuesto, el lenguaje de señas; esto puede conllevar a tener una conversación e interacción con las demás personas de manera más “trasparente” y sincera; la desventaja, es que la forma de comunicación en este Primer Entorno se queda corta, puesto que, los sentidos del ser humano son limitados, esto hace que nuestra capacidad para expresarnos se vea reducida por las distancia, es decir, es necesario permanecer en la misma zona espacial para poder entablar el tipo de conversación que resultará más interesante.

 

En cambio, en el mundo actual (El Tercer Entorno) nos encontramos intercomunicados, es decir, por medio de los aparatos tecnológicos como el celular, podemos expandir nuestra comunicación hasta el punto de tener una conversación con seres humanos que viven en distancias alejadas, llegando a interactuar con personas de otros continentes (si somos realmente consientes de eso, tenemos que sentirnos muy privilegiados). Pero, a comparación con el Primer Entorno, las comunicaciones en este estado pasan a convertirse, de cierta manera, en una relación más superficial e intrascendente, ya que el poder sentir a las personas a través del tacto nos permite generar un recordatorio cerebral (por así decirlo) y almacenar ese recuerdo por bastante tiempo (y esto no me lo estoy inventando, lo pueden comprobar a través del dios Google).

 

Al llegar a Charco Escondido nos encontramos con un río virgen, tanto así que el agua era completamente potable, la claridad y pureza de ella era impresionante. Estuvimos hasta media tarde en este lugar especial. Nos tiramos desde un acantilado, compartimos la comida que llevábamos, celebramos el 4/20 y tomamos una buena cantidad de “Vitamina D” suministrada por los rayos del sol. A eso de las cuatro volvimos a coger nuestras bicicletas y retomamos el camino que nos condujo hasta esta reserva natural.

 

Mientras nos devolvíamos pensé, de manera particular, en una persona a la cual olvidé comentarle que ese día iba a desconectarme completamente de mi celular. Dicha persona es muy especial a nivel sentimental para mí, por esta razón, mi mente empezó a insistir en hablar con ella, pero me resistí a ese pensamiento y decidí no prender el teléfono móvil. Debo admitir que cuando llegué a la casa me costo de sobre manera no prender el celular, porque también tenia algunas conversaciones laborales pendientes por WhatsApp. Aun así, no caí, en absoluto.

 

A eso de las seis de la tarde me despedí de mi amigo y empecé a leer una novela llamada “Flores en el ático” del escritor V.C Andrews. Me adentré en el submundo de este autor y quedé atrapado dos horas dentro de sus páginas. Apenas terminé de leer, recordé que había quedado de verme con un parcero (otro amigo de la universidad) para ir al Museo La Tertulia a conversar con él y su novia, junto con unas buenas cervezas bien heladas. A las nueve de la noche me encontré con “el gato” (así lo apodaban) y nos saludamos de manera efusiva; al observarlo con detenimiento, pude percibir que había discutido con la novia; ella no lo dejaba de mirar con una expresión que denotaba frustración, además, constantemente volteaba sin césar de un lado a otro, como cuando uno quiere escapar de algún lugar, pero no encuentra la manera de hacerlo.

 

Por suerte, pude detectar esta incomodidad en el ambiente y empecé a relacionarme con la novia de “el gato”; le pregunté su nombre, su edad, a qué se dedicaba y qué hacia por la vida (típicas preguntas para entrar en confianza con una persona nueva, este ritual para mí es de gran ayuda). De esta manera logré crear una atmosfera más amena y a partir de eso fuimos a la tienda más cercana por más cervezas.

 

Una vez que empezamos a beber, los temas de conversación fluyeron naturalmente; los gestos se relajaron, las miradas por parte de ella ya no eran tan inquietas y la noche se tornó perfecta. Por un momento decidí mirar el reloj y mis ojos saltaron de sobremanera al saber que ya eran las dos de la mañana, eso quería decir que el día había culminado y, por ende, tendría que vivir de nuevo mediante la comunicación del Tercer Estado. Fue ahí cuando caí en cuenta que esas veinticuatro horas sin celular, me permitieron volver a mi esencia como ser humano, es decir, vivir nuevamente en un estado “hobbesiano” (es necesario aclarar que solamente vivimos de esa manera en el río) permitiéndonos desarrollar más a fondo nuestras interacciones y nuestra comunicación de forma más profunda y cercana con el otro.

 

Al otro día, encendí mi teléfono móvil para revisar los mensajes acumulados que tenía, apenas se encendió la pantalla, se cargaron todas las notificaciones pendientes por leer, en ese momento me sentí tan abrumado que opté por tomar una decisión…Volver a apagar mi teléfono y seguir prolongando esa sensación de libertad que experimenté el día anterior.

 

*Los términos y definiciones: Primer Estado y Tercer Estado, son sacados del autor Lluís Ruiz Oliva.

 

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