#Columna: A mí también me pasó lo mismo

#Columna: A mí también me pasó lo mismo

A mí también me pasó lo mismo

 

 

Crecen tan rápido, dicen…Mis papás, tus abuelos y los tíos de la humanidad.

Crecen tan rápido que sin pensarlo ya son adultos, tienen un hogar y son profesionales. Su vida avanza mientras crecen tan rápido y junto con ellos sus sueños e ideales.

Yo digo que sí. Crecen indudablemente y en contados segundos. Pero más allá de eso, crecen las inseguridades. Crece el dolor de vivir en un hogar disfuncional, un matoneo constante en el colegio y la incertidumbre de saber si me atraen las niñas o los niños.

Son esos momentos que también nos hacen crecer a los 10 u 11 años de edad, donde se piensa que todo es fácil y cómodo porque seguimos en la casa de papá y mamá gastando diariamente su sueldo mínimo. Y no. Yo también a los 11 años pensé en por qué mi papá se fue y nos dejó sin razón alguna o por qué en el colegio se burlaban de mí porque llevaba dos colitas en el cabello. Yo también sentí que se me venía el mundo encima cuando por primera vez tenía “amigos” que me dejaban de hablar por ser la nerd del salón.

Sin duda alguna a esta edad también se crece. El hecho de ser niños no nos cohíbe de sentirnos tristes o agobiados. ¿Quién dijo que uno no sufre por amor a los 13? O ¿Por qué no puedo pensar que el hombre de mis sueños tiene 15 años? Nada impide sentir de más. La edad es lo de menos y el dolor llega a cualquier público, y más cuando se trata de temas como el amor.

Si uno a los 15 años dice te amo, a los 25 ya está cansado de las relaciones y a los 35 vive solo, con dos perros y un gato. ¿Es normal? Por supuesto. ¿Quién dice que la vida no es de los solteros?

Además, a los 20 años yo también quise irme de casa, y lastimosamente fue difícil hacerlo cuando el hotel mamá lo es todo en esta vida. Y la depresión fue casi que segura cuando me di cuenta que el hombre que amé durante años también me falló.

Sin embargo, ¿qué es la vida sin dolor? Una aventura sin diversión. Un Scooby sin un Shaggy. Una vida sin experiencia. Y sí. A los 13, 16 y 25 años de edad se sigue creciendo por inercia. Porque no maduramos de la noche a la mañana. Porque aún con el corazón roto continuamos con la vida, nos reímos de la rutina y empezamos de nuevo. Y aunque sea difícil, nada dura para siempre.

Sin pensarlo la vida se nos pasa de niños, de adolescentes y más cuando nos sentimos adultos. Cuando vamos a mercar con lista en mano, pues no retenemos todo lo que se debe comprar. Cuando es fastidioso hacer fila para pagar los servicios públicos o solicitar una cita en la EPS. Todo eso, pienso yo, nos hace crecer.
Y no porque sea placentero realizar este tipo de compromisos. En realidad, la misma vida te obliga hacerlo. Se supone que llega un momento en el que tienes que crecer, ser independiente, autónomo y sobrevivir en este mundo tan perfecto. Aunque no lo creamos, este mundo está moldeado para nosotros, está casi que, acomodado para nuestras relaciones, nuestros problemas y nuestras experiencias.

Sin contar con que las emociones diarias te suelen jugar una mala pasada. Pero con todo eso, es necesario amar, tener rencor, ser orgulloso y ¿por qué no?, hasta odiar. No lo digo yo, lo dice tu vida. Lo dicen esas noches en las que quisieras que la tierra te tragara porque no lograste algo que querías. O tal vez, ese mensaje de buenos días qué tanto te alegra leer. Y ¿por qué? no ese recuerdo de hace 3 años que aún no has podido borrar de tu mente y que, acompañado de infidelidad, se vuelve tóxico.

Es más, me gustaría que tú, sí tú, que ahora mismo estás pensando qué carrera elegir, si terminas una relación o no, si perdonas y olvidas; leyeras el siguiente consejo:

Quien este libre de personas tóxicas, de dolor y de amargura, que tire la primera piedra. Quien se sienta capaz de sobrellevar la muerte de un ser querido o una ruptura amorosa, que me explique cómo hacerlo. De lo contrario voy a seguir pensando que de eso se trata la vida, cuando no es así. Sufrir por lo que te hará fuerte más adelante es la prueba de amor más hermosa que el universo te puede regalar. Nadie pasa por esta tierra sin haber vivido y sentido experiencias.

Que no se te vaya la vida sin haberla vivido, gozado y experimentado. Porque de niños solíamos jugar a la pelota, de adolescentes asistíamos a vals de 15 años y a los 20 fumamos marihuana para despejar la mente. Y está bien, pero no pienses que el dolor solo te llega a ti, que solo a ti te lastiman o te hieren, cuando hay cantidad de personas heridas y con ganas de suicidarse.

Hay que avanzar. No porque queramos reducir la tasa de mortalidad o porque dentro de muy poco Facebook o Instagram se extinguirán, ya no serán tan importantes. Hay que avanzar por vos y para vos. Créeme, hoy con 20 años, puedo asegurar que a mí también me pasó lo mismo.

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