#Columna: “Al revés”

#Columna: “Al revés”

al reves

“Al revés”

A veces estoy convencida de que vivimos en Macondo, que Colombia es el único lugar en el que la ficción es la realidad, superándose a diario. García Márquez fue el singular escritor que lo notó e hizo de este país, un espacio/personaje principal en sus libros. Somos un pueblo en el que lo incorrecto es correcto, lo malo es lo bueno y donde quien poco hace, mucho alcanza. Sin embargo, caigo en cuenta de mi error, este realismo mágico no es sólo colombiano, hace parte de toda Latinoamérica.

Vivimos en un continente en el que su gente coexiste al paralelo de sus acciones, las cuales dan como resultado cambios exorbitantes para la sociedad y la construcción de mundo. De lo anterior hay varios ejemplos:

Artesanía sobre el Arte

En Latinoamérica es válido subestimar al folclor, la música acústica y la letra narrativa, es cotidiano menospreciar estudios de música profesionales de Berklee College of Music y sobreponer a la letra misógina de algunos géneros musicales, posicionándose por encima de cualquier melodía que vale la pena, tanto así que este irrespeto es premiado con un Latin Grammy (2018). Si la idea de estos galardones es premiar “lo que más se escucha”, cumplen bien su labor; de no ser así, y verdaderamente tienen la intención de homenajear el valor y la importancia de la música, los Latin Grammy (y de paso los Grammy Awards) regalan el gramófono de oro cual muestra gratis de supermercado.

Están haciendo todo lo contrario, honran a la comercialización, al “trending topic” y a lo que vende, de razón Luis Fonsi pasó de “No me doy por vencido” a “Despacito”. La artesanía puede dar mucha plata pero está destruyendo el arte genuino y acabando con las grandes ideas en la música.

Ya nadie quiere ser un rockstar. Depeche Mode, Queen, Bob Marley, The Ramones, Guns N’ Roses e incluso Snoop Dogg nunca fueron premiados con un premio de tal magnitud. Pudieron causar un boom, marcar generaciones, ser parte de la formación de millones de personas en el mundo, pero quizá no obtuvieron suficiente reputación comercial (¿dinero?) entonces no merecen el premio.

Idolatrar como costumbre

Por otro lado, América Latina fanatiza a los “chicos malos”, los “viejos malos” y la vida mala. Netflix no realizó la serie “Narcos” de gratis. A pesar de que el colombiano y el mexicano, por ejemplo, cargan en su nacionalidad un espantoso historial de masacre y narcotráfico; en el extranjero, los desconocedores del terrorismo responden: “¡Ah claro, Pablo Escobar ¿no?! ¡Ídolo, leyenda, algún día con su vida y sus lujos!” Colombia está condenada con el recuerdo del “patrón del mal”, usado como referencia para reconocer al país. Tan chévere, como si valiera la pena presumir 4000 muertos que dejó el Cartel de Medellín o tan especial destacar la tierra por la droga. Como Alemania con los Nazi, a los colombianos nos da vergüenza. Pero puertas para afuera, muchas personas desean este estilo de vida vulgar, sus metas son ser un “matón”.

“This is América”

Quizá el cine de ficción se inspira en nosotros para triunfar en Hollywood. Lo anterior, nuestras ocurrencias y el ordinario común, son material para novelas, cuentos y leyendas. Somos un continente en donde se protesta en contra de la diferencia, la homosexualidad y la igualdad. Donde no hay dinero para la educación pero sí para el armamento militar, en el que el Presidente del Congreso es un señor que falsificó hasta el bachillerato, donde el reguetón y el machismo, son top de las listas de Spotify, en el que se prohíbe la pluriculturalidad y debemos todos ser “uno”.

 

América Latina, el continente en el que la infamia sucede por su gente.

 

 

 

“Sin respeto ni ley”

 

 

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