#Columna: “Ego y negligencia”

#Columna: “Ego y negligencia”

“Ego y Negligencia”

Foto tomada de: HBO.

HBO obtuvo, una vez más, el reconocimiento a la creación de la mejor serie del año con ‘Chernobyl’ (y con el mejor puntaje IMDb de la historia actual). La producción no reparó en elementos para contar con detalle, impacto y crudeza el desastre nuclear del 26 de abril de 1986; su episodio final concluyó con éxito al relatar la verdad dura, ególatra y desconsiderada de la explosión, que casi lleva a media Europa -o casi toda- a la extinción.

Si bien los hechos de este cataclismo están contados y siguen conociéndose desde más de 30 años atrás, la serie explica minuciosamente la gravedad de la radiación, la importancia del saber y lo necesarias que son las buenas administraciones, para valorar la seriedad del asunto. Este fue el propósito real de la serie: los aprendizajes que dejó en su público son esclarecedores.

Y en lo personal, me enseñó que las peores desgracias de la humanidad muchas veces están patrocinadas por el ego y la negligencia del hombre.

Errores estúpidos para un resultado irreparable

 El inicio (la prueba de seguridad) y el final (explosión) son la historia que conocemos; por otro lado, esto fue posible gracias a la falta de “cultura de seguridad” y la infraestructura defectuosa de la central nuclear. Chernobyl no fue el primer caos nuclear que vivió la URRSS, también pasó Kyshtym, un secreto que ocultaron durante años… y no aprendieron de él.

Dejar iniciado el procedimiento pre-prueba, retrasar dicha prueba 10 horas después, ordenarles la tarea a un equipo inexperto que sólo sabía vigilar, y que el proceso lo dirigió un descuidado más pendiente de su reputación, demuestran lo poco o nada conscientes que el Estado y los mismos trabajadores de la central fueron sobre manipular la reactividad de la energía nuclear.

Si estos sucesos no fueron los únicos detonantes de la hecatombe, pasarse por alto los reglamentos nucleares y de seguridad fue el remate. No hubo buen diseño de central nuclear, las barras de control eran inestables, baratas. ¡No había quien inspeccionara la seguridad y evaluación de las centrales nucleares, un organismo regulador! Como menciona el Foro de Industria Nuclear Española, “El diseño de un reactor del tipo RBMK no hubiera sido nunca autorizado en los países occidentales”. Esta negligencia y confianza ciega no la hubiesen perdonado en ningún otro país, quizá no habría pasado de haber hecho las cosas bien…

Pero, en ese entonces sólo importaba el régimen. Este demostraba su progreso en parte con la energía nuclear… pero a ésta sólo le invertían lo suficiente para mostrarse fuertes frente a ‘Occidente’. El orgullo.

¿Por qué preocuparse por algo que nunca pasará?, pensaron.

Las consecuencias de sus acciones

 Estos descuidos “piadosos” causó una explosión y radiación que mató de cara y lentamente a un aproximado de 50 personas, provocaron una nube contaminante que se propagó por media Europa; afectaron la salud de más de 14.000 personas (sin contar a las decenas de voluntarios en limpiar la central, los ‘liquidadores’) sentenciándolos a cáncer, mutaciones y otras enfermedades, y dejaron inhabitables zonas de nuestro planeta hasta que pasen 1, 2 o 3 siglos.

Chernóbil fue la cagada caótica de una gestión administrativa y política egocéntrica, orgullosa, negligente y confiada, que pensó que no necesitaba de conocimientos y reglas más allá de la exaltación del régimen de la Unión Soviética.

Personalmente, hay dos cosas fundamentales que la humanidad debe meterse a la cabeza si quiere vivir:

  1. No jugar, manipular o subestimar poderes que sobrepasan el nuestro.
  2. El orgullo te puede matar más rápido que una bala, principalmente si no tienes como prioridad tu vida o la de tu gente.

El 26 de abril de 1986 es la evidencia.

 

Escrita por:

Nathalia Andrea Marin Palomino

 

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