#Columna El compositor y las circunstancias

#Columna El compositor y las circunstancias

El compositor y las circunstancias

Por: John Alex Lopez

El equilibrio entre la letra y arreglo suele ser difícil de lograr, y en un medio donde las lógicas de consumo dan primacía a lo que es audible (digerible) al oyente, la letra termina siendo relegada a un segundo plano.

Se puede escribir una canción por encargo y para cumplir con la producción del disco. También se puede ser monotemático, tomar un conjunto de sitios, escenarios, cosas y lugares comunes que no significan nada con tal de producir y vender. No es una formula pecaminosa, varios artistas lo han hecho y repetido hasta un punto en donde logran la coincidencia en el desgaste.

Pero lograr eso que llaman autenticidad o “sello de marca” solo es adrede en circunstancias que atravesaron la vida del compositor, circunstancias punzantes que marcaron un antecedente en su forma de ver las cosas y que hacen parte del cumulo de experiencias que se obtienen gustosa o dolorosamente.

La canción y su historia.

Se me vienen a la mente algunos ejemplos como “Yo pisaré las calles” de Pablo Milanés, una de las canciones más rápidas que el cubano escribió por la fuerza del acontecimiento: el asesinato de Miguel Enríquez en plena dictadura chilena:

Yo vendré del desierto calcinante

y saldré de los bosques y los lagos,

y evocaré en un cerro de Santiago

a mis hermanos que murieron antes.

En el álbum Amor y Control (1992) de Rubén Baldes, cuyo propósito inicial era hacer una conmemoración de los 500 años del descubrimiento e invasión del continente Americano por parte de los españoles, termino siendo un homenaje a la muerte de su madre Anoland Diaz quien fallece de un cáncer. “Canto a la muerte” es una remembranza de su recuerdo que combate contra el adiós:

Me ha enseñado, muerte

A no tenerte miedo

Mi querida vieja se fue combatiendo

No te enorgullezcas muerte

Tu triunfo es vacío

Yo su amor protejo

Y ella cuida el mío.

El amor ocupa otra dimensión cuando toca la arista del delirio, como lo expresó Silvio Rodríguez en su tema “Ojalá” Dedicada a Emilia Sánchez, su intento dulce y fulminante por arrancarla de cada una de las superficies de su memoria y su sentir:

Ojalá se te acabe la mirada constante

La palara precisa, la sonrisa perfecta

Ojalá pase algo que te borre de pronto

Una luz cegadora, un disparo de nieve.

Ojalá por lo menos que me lleve la muerte

Para no verte tanto, para no verte siempre

En todos los segundos, en todas las visiones.

Ojalá que no pueda tocarte ni en canciones.

Caso contrario vemos en la canción “Muchacha” (ojos de papel) de Luis Alberto Spinetta, canción compuesta a Cristina Bustamante, su primera novia. Cuenta  de una forma sutil la experiencia del primer amor y su encuentro íntimo, una canción que habla de la permanencia y el deseo del instante perpetuo entre los dos amantes:

Muchacha voz de gorrión,

¿A dónde vas? Quédate hasta el día.

Muchacha pechos de miel,

No corras más. Quédate hasta el día.

Duerme un poco y yo entretanto construiré

Un castillo con tu vientre hasta que el sol,

Muchacha, te haga reír

Hasta llorar, hasta llorar.

Y no hables más, muchacha

Corazón de tiza.

Cuando todo duerma

Te robare un color.

Otra anécdota surge en este caso entre Tite Curet Alonso y Cheo Feliciano, quien sería su cantante más consentido por la oportunidad brindada para grabar gran parte de sus letras, entre ellas el tema “Mi triste problema”, que describía la impotencia emocional de Cheo y su silencio artístico de dos años debido a su problema con las drogas:

Estar convencido

De que en un vacío peor que le olvido

Se hundió todo aquello

Que siendo tan nuestro ya es tiempo perdido.

Esta canción no sólo marco el regreso musical de Cheo sino que comprueba la capacidad de Tite para retratar la piel del otro.

El compositor y sus canciones.

A veces para el compositor la canción lo sigue a todas partes, tanto por los que la escucharon y que se la recuerdan, como también de aquello que fue la cima de su creatividad. Escribir una canción es exponernos a lo que fuimos, a dejar un pedazo de nuestra memoria y los sentidos que concibieron su creación, de lo que hicimos parte como protagonistas o testigos indirectos de aquello que el otro no pudo contar. Para el compositor pueden ocurrirle dos situaciones paradójicas, la primera en la que le resulta difícil deslindarse de su creación, volviendo a ella para sumarle más miradas y escribir una canción más madura como herencia de la primera, o que forma parte de inquietudes permanentes y de sucesos agudos que se vuelven circulares. Y por otra parte, desea renunciar a ella, ya que lentamente dejará de pertenecerle, tomando otra forma y otra interpretación, haciendo parte de ese momento atemporal que se vuelve independiente de él, que como lo expresó un amigo compositor hace algunos días en Facebook:

“Cada canción tiene su tiempo, la música tiene vida propia, y es el tiempo quien se la concede. Por eso, seguiré creando nueva música sin preocuparme de lo que vaya a suceder con ella”

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