#Columna: Horizonte de Sucesos

#Columna: Horizonte de Sucesos

Horizonte de Sucesos

Me veo con Ana, una amiga, y le pregunto por su de horizonte de sucesos, es decir, qué ha pasado con su vida en los últimos meses.  Me mira y casi de inmediato me dice que nada raro, que todo está en orden. No sé por qué insisto y contraataco con otra pregunta: “¿Algo nuevo, digamos, importante que deba saber?” Ella Confirma su anterior respuesta con un sonoro “No”.

Un horizonte de sucesos bien podría ser eso, una mirada a nuestras vidas en todas las direcciones: lo que nos pasó, pasa o va a ocurrirnos; el pasado el presente y futuro todo a la vez, pero en realidad tiene que ver con un agujero negro y hace referencia a la velocidad de escape de un objeto, es decir, la velocidad que una persona, hipotética claro está, tendría que superar para escapar de la atracción gravitacional de uno de esos monstruos cósmicos, capaces, incluso, de tragarse la luz.

Mejor volvamos con Ana. Luego de ese breve intercambio de palabras, nuestra conversación se sumerge, por unos segundos, en uno de esos pozos de silencio que resultan inevitables. Al rato ella vuelve a hablar: “Bueno, no sé si ya sabes, terminé con Mauricio”.

Le respondo que no sabía. “¿Y quién termino?”, pregunto, dato, la verdad, que no debería importarme, pero la conversación necesita una bocanada más de aire, pues me parece que Ana quiere hablar más sobre el tema.

“Yo” —responde con tristeza en su voz—es que tú sabes; cuando alguien empieza a darle más importancia al trabajo, significa que algo anda mal.”

Las relaciones son un tema en el que no soy la voz de la experiencia, sino de la ignorancia, pero igual, así no lo sepa, asiento con la cabeza.

“Fue hace tres meses—dice sin darme oportunidad para decir algo—Yo siempre lo acompañaba los fines de semana a hacer mercado, pero el fin de semana después de que terminamos no me quedé en su apartamento, y llamó a decirme que se sentía muy extraño yendo al supermercado solo”. Un suceso, en apariencia, poco importante, pero que la marcó.

Ana sigue hablando: “Unos días después le envié un mensaje y le dije: “Mira, yo sé que en la relación era la que más enamorada estaba de los dos”.  Luego de terminar la frase me mira como esperando una respuesta, y se me ocurre decirle que eso siempre ocurre, que una de las partes siempre se entrega más que la otra, que no debería ser así, pero que lo es y que ni modo.

La noto muy triste, quizá no debí insistir con el tema, así que busco la oportunidad para dar una conclusión zonza y desviar la conversación.

A veces Las relaciones, independiente de lo buenas o malas que sean, se parecen a un agujero negro: absorben nuestra atención y, dado el caso, nos apagan, se tragan nuestra luz.

 

Escrita por:

Juan Manuel Rodríguez Bocanegra

@Vieleicht  

 

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