#Columna: Humanidad, frágil naturaleza concebida

#Columna: Humanidad, frágil naturaleza concebida

Humanidad, frágil naturaleza concebida

A tientas se abren mis pestañas; aquellas mañanas pesadas.

El mismo rostro en la ventana, paisaje repelente.

A sorbos me bebo mis soledades y me apaño en la música y las voces,

voces que aprecio sin rostros, sin edad, pero que atisbo sus almas palpables.

 

Verborrea, saturación, vesania…

aun así, soy quien calla y sigue en la escucha.

Las añoranzas predecibles son pronunciadas

y los vacíos de estos entes se desnudan.

 

Lo corpóreo les resulta inocuo para sus objetivos,

pobres almas presas de la carne deplorable.

Pobre el que ansía dinero renuente o ajeno,

Miserable quien anhela la belleza vedada.

Desgraciado quien tiene al amor como verdugo.

 

Pesaroso resulta ojear las penas ajenas,

cada mente tiene su propio infierno de inquilino

y este habita plácido en este espectro,

sin modestia, sin pudor, efervescente y extravagante.

 

¿Y yo?… aquí yace quien conoció el Edén, cautivado y enganchado;

aquel paraíso era finito, imperfecto pero balsámico.

Ahora soy un yonqui, un sabueso de esa plenitud,

ese nirvana que tiene nombre de mujer y que han quitado de escena.

 

 

 

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