#Columna: Inteligencia Artificial y el Capitán Futuro

#Columna: Inteligencia Artificial y el Capitán Futuro

 

La primera vez que escuché hablar de inteligencia artificial fue con relación a los robots Grag y Otho de la serie de ciencia ficción Capitán Futuro (Kyaputen Fyūchā, 1978). Allí se pintaba un escenario bastante esperanzador donde los seres artificiales eran tratados con el mismo respeto que cualquier otro miembro del equipo en que todos se apoyaban mutuamente. Aunque ahora que leo las novelas en las que se basó la serie (publicadas por Edmond Hamilton en 1940) noto que esa camaradería en ese entonces se veía bastante natural que los robots trabajasen para el Capitán Futuro pero lo opuesto hubiera sido inconcebible. Parece que desde ese entonces nos hemos considerado superiores.

Tal vez por eso cuando hablamos de inteligencia pensamos inmediatamente en los ganadores del Premio Nobel como Albert Einstein, Marie Curie y Juan Manuel Santos (sorry Uribe). También vienen a la mente exitosos empresarios como Elon Musk, Bill Gates o Jack Ma, así como filósofos y artistas que hacen muy bien cosas que requieren altos niveles de inteligencia. Todo esto para decir que la inteligencia humana es algo tan amplio, variado y complejo que es difícil encontrar una definición que resista el paso del tiempo. Por eso cuando animales como los chimpancés, delfines o elefantes también evidencian sofisticados comportamientos propios de la inteligencia, nos vemos en aprietos para distinguirlos de la “verdadera inteligencia”. En esencia, el único referente que tenemos de ella sigue siendo la humana.

Esto significa que consideramos a un ser inteligente en la medida en que se parezca más a nosotros. Ese fue el enfoque de Alan Turing, quien en lugar de complicarse definiendo qué es “inteligencia” o qué significa “pensar”, propuso en 1950 una célebre prueba mucho más práctica. Esta consiste en que un evaluador chatea con un desconocido y al cabo de un tiempo debe decidir si estuvo interactuando con otro humano o con una máquina. Si en el experimento es una máquina la que interactúa con el evaluador, pero su veredicto es que estuvo chateando con otro humano, entonces la máquina “está pensando”.

También recuerdo al detective Spooner (Will Smith) usar nuestra inteligencia humana como referente para juzgar la de las máquinas al interrogar a un robot (I, Robot, 2004):

Spooner: Los seres humanos sueñan. Incluso los perros sueñan, pero tú no. Eres solamente una máquina, una imitación de la vida. ¿Puede un robot escribir una sinfonía? ¿Puede un robot convertir… un lienzo en una hermosa obra de arte?
Robot: [con genuino interés] ¿Usted puede?

Que al detective le haya salido el tiro por la culata ilustra que nuestra definición no se sostiene. Si no somos artistas, ¿no somos humanos? Si no somos lo suficientemente inteligentes como para ganar un Nobel de Física, ¿no poseemos inteligencia humana? La cosa se complica más cuando ahora máquinas como Siri o Alexa echan chistes, otras nos pueden generar una multa por pico y placa a partir de una foto y algunas hasta corren, saltan y abren puertas. Todos estos desarrollos de la ciencia y la ingeniería todavía caben dentro de la definición de Inteligencia Artificial de Andrew Moore: “hacer que los computadores se comporten en formas que, hasta hace poco, se pensaba que requerían de inteligencia humana”.

Esto sugiere que seguimos dependiendo de la inteligencia humana para definir otras formas de inteligencia. Y como todavía estamos un poquito lejos de entender completamente a la inteligencia humana, no es claro todavía cómo vamos a llegar a construir, intencionalmente, una máquina que sea verdaderamente inteligente. O tal vez una inteligencia artificial “emerja” sin nuestro esfuerzo intencional a partir de muchas máquinas poderosas interconectadas entre sí. Lo único que espero, es que para ese entonces seamos tan civilizados como el Capitán Futuro, quien trataba a todos los seres inteligentes con respeto, independientemente de si su origen fuera biológico o sintético. Ojalá como en su caso, ese respeto y colaboración no solo sea positivo para otras formas de inteligencia, sino que también ayude a convertirnos en mejores seres humanos.

 

Escrito por: Andrés Meza Escallón

@ApoloDuvalis

https://elclavo.com/columnas-en-el-clavo/columnistas/andres-meza/

https://elclavo.com/author/ameza/

Comentarios

comentarios

Leave a Reply