#Columna: Jugo de Naranja Cibernética

#Columna: Jugo de Naranja Cibernética

Jugo de Naranja Cibernética

Imagine un jugo de naranja con zanahoria. Visualice el color anaranjado, el olor cítrico, la combinación entre ácido y dulce haciendo contacto la punta de la lengua. Posiblemente en este momento su boca haya respondido salivando automáticamente, pero en mi caso, además me recuerda a mi mamá. Me transporta, como una máquina del tiempo, a una época de mi infancia cuando el jugo de naranja con zanahoria era una parte muy frecuente de mi vida diaria. No en vano dicen que los olores son los hilos que halamos para traer los recuerdos a los que están amarrados.

Esta relación entre memoria y olfato (que también está íntimamente ligada al sentido del gusto) no es casual. Resulta que hay funciones básicas de nuestra mente, como la memoria, el olfato o las emociones, que son ejecutadas por la parte más primitiva de nuestro cerebro: el sistema límbico. Los órganos responsables de ello están tan cerca y colaboran tan estrechamente, que una reacción en uno muy probablemente desencadena una reacción en el vecino, lo cual explica porqué algo que nos emociona es más probable que sea recordado, o que un sabor genere una respuesta emocional.

El punto es que este sistema límbico, por primitivo que sea, trabaja en una compleja interacción con otras partes más modernas del cerebro, como la “capa superior” llamada neocórtex. Éste es responsable de tareas tan abstractas como calcular la trayectoria de Marte o elaborar finales de Game of Thrones mejores que el de HBO. Ambas “capas” del cerebro cumplen un papel vital y no podríamos vivir como lo hacemos sin una de ellas.  Es como un BMW último modelo, que por más GPS, radares y tecnología electrónica integre, bajo el capó sigue teniendo un motor de combustión interna que esencialmente es el mismo que construía Henry Ford hace 100 años. Pero lo que lo hace valioso a un BMW es la perfecta sincronía entre sus componentes, no solo el moderno exterior.

Por eso me llamó la atención una entrevista del 18 de septiembre de 2018 en la que Elon Musk planteó el que podría ser el mejor escenario (para nosotros) para el momento cuando emerja una súper inteligencia artificial (ASI). Según él, no podremos controlar una ASI que esté separada de nosotros. Pero si nos volvemos seres cibernéticos que poco a poco vamos integrando una “tercera capa” de interfaces y componentes digitales en nuestro cerebro orgánico, una eventual ASI estaría tan integrada con los seres humanos que ya no nos dejaría atrás, sino que nos complementaría y aumentaría cognoscitivamente de forma espectacular.

Obviamente en este escenario algo puede salir mal. Por ejemplo que un BMW lo suficientemente avanzado decida que quiere volverse un Tesla como el vecino y cambiar su motor de combustión interna por uno eléctrico. De la misma forma, una súper inteligencia artificial podría decidir que en vez de limitarse a una tercera “capa” de nuestro cerebro cibernético, le va mejor en un cuerpo robótico de ojos rojos.

Sin embargo, no creo que seres cibernéticos con cerebros de tres “capas” decidan fragmentarse, de la misma forma como un ingeniero no apagaría la “capa” primitiva de su cerebro. Lo digo por experiencia propia, porque aunque todo el día trabaje con abstracciones usado mi neocórtex, todavía quiero que el jugo de naranja con zanahoria me recuerde a mi mamá.

Escrita por

Andrés Meza Escallón

@ApoloDuvalis

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