#Columna: Lo que me llevo de España

#Columna: Lo que me llevo de España

Lo que me llevo de España

En una columna anterior comenté particularidades, pros y contras que he descubierto de España; aunque eso no es nada, son unos de muchos aspectos simples sobre la sociedad española. El hecho es que este país ibérico es más que su gente y sus comportamientos populares, es una nación que me enamoró con sus calles históricas, su arquitectura plácida de lo mucho que tiene por contar, de sus días eternos, sus cielos naranjas y sus cuatro estaciones (a pesar del seco frío).

Si fuera posible me llevaría un poco de cada cosa en la maleta: un pedazo de la Calle Gran Vía, un fragmento del reloj de Sol, un rayo de luz a las 8pm o una rosa recién florecida de la primavera; pero lo único que puedo quedarme son sensaciones y emociones que harán que añore a Europa cada día. Es que cuando uno prueba gustos desconocidos, si le quedan gustando, va a querer más….

Lo que meto en la maleta

  • De primerazo empaco la satisfacción de comer bocadillos de calamares. Comerse un pan francés relleno de anillos de calamar apanados (un sandwich), con una gaseosa de limón en la Plaza Mayor de Madrid es un placer adictivo. Fue la primera comida típica ‘española’ que probé… y me llevo la receta a la casa para prepararle a mi mamá.
  • Meteré entre la ropa los planes sencillos pero completos de caminar por cualquier parte de Madrid Centro, y rematar con una caña o cerveza Estrella Damm. El parche cuesta 1,50 euros, te quita la sed y conoces de lo más bello e importante de la ciudad, pues fácilmente uno la descubre a pie. Barato y llenadero.
  • No sé dónde guardaré -o superaré- los futuros antojos de tomar una Fanta de limón, comer chocolate suizo de 80 céntimos y matar el frío con unos churros con chocolate líquido. Puede que la empanadita haga un gran trabajo, pero es que estos placeres no están en Colombia, y eso es lo que me genera impotencia y añoro… ya lo dulce no es nada igual.
  • En lo más recóndito del equipaje meteré las ganas y la frustración de comprar ropa tan buena y tan barata en el Primark, a ver si así las olvido. En Colombia, sólo compraba ropa para mi cumpleaños, navidad y una que otra vez de milagro; España me malcrió con la costumbre de que 5 euros que me sobren bien pueden ser una blusa, o 3 juegos de accesorios o ropa interior. Me hará falta pensar que con 10 euros podría comprar 4 prendas… mientras que con 40 mil pesos me alcanza para dos blusas. Jajajaja, yo no quise volverme así, la economía me mal acostumbró.

Lo que estará en el corazón

  • Extrañaré muchísimo la alegría de levantarme a las 9 de la mañana y saber que eso es “madrugar” aquí, porque la vida no existe en Madrid antes de esa hora. En Colombia madrugaba a las 5am, aquí madrugo sin madrugar. Ehg, qué dicha tan finita.
  • Ya no veo igual la eficiencia del transporte público gracias al Metro y Renfe de Madrid. Su puntualidad, su recurrencia, las estaciones grandes y con sillas, la tranquilidad y el espacio sonoro personal. ¡Los querré a cada instante!
  • Desearé sentir otra vez la pequeña emoción de ver resurgir las hojas de los árboles y las flores después de invierno… nunca había visto el verdadero ‘florecer’.
  • Agradeceré y esperaré ingenua el día que se pueda caminar con auriculares y celular afuera en la calle como lo hacía en Madrid; también la tranquilidad de llegar a casa a las 11 – 12 de la noche y que solo se vea seguridad. Tuve la suerte de vivir una buena experiencia, fui feliz y llegué sana de cada vez que salí de mi casa.
  • Amé cada caminata por el barrio yendo de la mano con el amor, feliz de que los únicos ojos que se fijaban en mí eran los de él…. desearía que todas mis caminatas fueran así, sin ninguna pena, sólo felicidad.
  • Con dolor en el alma me tendré que desacostumbrar a la idea de cruzar las cebras peatonales como perro por mi casa (aquí los carros sí paran), como peatón tenía la prioridad… en las calles de Colombia los carros la tienen, ironías.
  • Finalmente, me hará mucha falta mirar arriba y disfrutar de cada detalle de los edificios antiguos de España. La historia no sólo se ve, también se escucha, también se mira…

No hay que malinterpretar, siempre estará por encima mi país madre (Colombia) que cualquier otro en el mundo; ningún carisma o buen trato se va a comparar con el que tenemos los colombianos, o la jerga y calidez humana de mi Sucursal del Cielo. Simplemente… me encantaría que estas pequeñas significantes cosas de España estuvieran en Colombia y viceversa. Pienso en España y sólo se me viene a la mente buenas experiencias, mucha felicidad y libertad.

Esto es lo adictivo de viajar, que todo lo que descubres te lo quieres llevar, porque la felicidad que genera es genuina.

 

Escrita por:

Nathalia Andrea Marin Palomino

 

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