#Columna Los politiqueros también ladran, Sancho

#Columna Los politiqueros también ladran, Sancho

Los politiqueros también ladran, Sancho

Por: Cristhian Yarce

La semana pasada en la ciudad de Palmira, Valle del Cauca, se marcó un hito en la historia de la moción de censura como mecanismo de control político, y es que por primera vez, el procedimiento prosperó pero al servicio de la politiquería.

A manera de ilustración, la moción de censura es un mecanismo propio de los sistemas parlamentarios europeos incrustado en los presidencialismos contemporáneos con el objetivo de controlar el exceso de poder de quien ostenta el máximo cargo ejecutivo. Se trata de un procedimiento a través del cual los cuerpos colegiados de representación política como el congreso, las asambleas o los concejos, pueden determinar que un miembro de un gabinete se aparte de su cargo.

El espíritu de la moción es que, la ciudadanía, a través de sus representantes, ejerza control sobre el poder exorbitante de sus gobernantes, apartando de su cargo a funcionarios incompetentes o corruptos, como un castigo democrático y como un mensaje político en procura del bienestar general.

Con ese norte, la Constitución del 91 estableció la moción de censura inicialmente para el Congreso de la República, pero ante la disfuncionalidad del mecanismo, hubo la necesidad de reformar la Constitución en el año 2007 flexibilizando la moción y extendiéndola a los concejos y asambleas.

En la práctica, el mecanismo no había funcionado, porque si bien se activaba el procedimiento, siempre terminaba pasando que el funcionario cuestionado renunciaba antes, como sucedió en el 2003 con el entonces ministro de Justicia Fernando Londoño; o no se lograban los votos requeridos al interior de las corporaciones como pasó en 2018 en el congreso con el ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla.

Todo este récord invicto de fracasos de la moción de censura en Colombia, se rompió el pasado jueves 5 de marzo, cuando el Concejo Municipal de Palmira, activó la moción de censura en contra de Alonso García González, quien fungía como secretario de Educación, del gabinete del alcalde Oscar Escobar.

Bajo el contexto de la política palmirana, el alcalde Escobar representa el triunfo de una renovación en la forma de hacer política, el hastío de la ciudadanía frente a la politiquería, y la esperanza de una sociedad que durante al menos 12 años ha sido el fortín politiquero de grupos de interés que la han sometido al atraso.

En materia de infraestructura por ejemplo, la clase politiquera del Valle del Llano Grande (que es como los abuelos conocen a Palmira), se acostumbró a pedir tajada en todos los proyectos; eso explica en gran medida el déficit de vías terciarias, o algo tan elemental como la ausencia de un terminal de transportes en una ciudad de más de 300.000 habitantes.

Respecto a la educación, que fue el tema detonante de la moción de censura, esa misma clase politiquera politizó el programa “Fondos destacados”, desviando a sus familiares y amigos las becas que se entregaban por mérito a los jóvenes palmiranos para acceder a la educación superior.

Es en ese estado de cosas en que 14 de 19 concejales de ese municipio aprobaron la moción en contra del secretario de Educación del gobierno Escobar, quien llevaba menos de dos meses en el cargo y ya se había convertido en una piedra en el zapato para los politiqueros al despolitizar y anteponer la meritocracia a la entrega de las becas del programa referido.

Lo paradójico es que un mecanismo que nunca ha funcionado y que se ha pensado para remover corruptos e ineptos del gobierno, funcione por primera vez al servicio de la politiquería para sacar del juego a funcionarios que representan a un gobierno trabajador y honesto.

Sea esta la oportunidad para recordarle al alcalde de Palmira, así como el Quijote le decía a Sancho, que cuando se transita por el camino correcto que lleva a las metas trazadas, los politiqueros también ladran.

 

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