#Columna: Matando el tiempo

#Columna: Matando el tiempo

Matando el tiempo

Anoche tuve un sueño, uno de esos donde al despertarse se le pone a uno la piel de gallina por lo intenso que ha sido. Este sueño tenía imágenes de caras conocidas y elementos extraños (magia y descubrimientos inesperados), al despertarme me quede con la sensación de que las respuestas a preguntas que me he planteado últimamente son contestadas de manera sorpresiva en dicha secuencia nocturna. Todo esto me lleva a escribir estas líneas mientras estoy sentada en la sala de espera de un banco, dizque para hacer de mi tiempo “algo útil”.

Yo creo en las CAUSAlidades, en donde todo tiene un por qué. Personas que me conocen desde hace algunos años me dicen que en ocasiones me quedo inmóvil, con la mirada fija en la nada y es que para ser honesta, me gusta perderme, no pensar, no usar la lógica. Se trata solo de percibir. Por eso me gusta la naturaleza, me encanta observar el recorrido de las nubes, ver los rayos del sol, escuchar el sonido del agua, ver las copas de los árboles meciéndose de un lado a otro. Me gusta sentir el aire que sin importar donde este me hace estremecer. Incluso si voy en el MIO como un “sándwich” me quedo observando a las personas (lo más chistoso es cuando hago guerra de miradas; algún pasajero me ve a los ojos y para colmo de males, yo le sostengo la mirada).

Me gusta, observar y deleitarme con detalles que para muchos pasan desapercibidos por la monotonía, por ejemplo, aquí, en uno de los tantos bancos de Palmetto, me encuentro esperando mi turno para pasar a caja (aún faltan 11 personas), en eso observo y escribo. A mi lado hay una pareja con un recién nacido. La mamá está prácticamente dormida con la boca abierta, el señor carga al bebé entre sus piernas y mientras mira a su esposa se ríe bajo. Cuando se da cuenta de que lo miro se pone serio, pero yo le regalo una sonrisa, por supuesto el me desvía la mirada. En la silla de adelante, hay una chica que conozco cuando trabaje en Cine Colombia, cuando entro al banco no me reconoció, ella esta con el ceño fruncido (por cierto, se cortó el pelo que decía que nunca se lo cortaría tan corto). A dos sillas más adelante, se encuentra un conductor del MIO que juega con su carnet. Más adelante, hay una pareja de jóvenes, él aprieta un granito de la cara de ella. El señor del aseo, moreno y gordito, le sonríe a todo el mundo. (Debo admitir algo, los zapatos que predominan en el banco son las zapatillas). Acaba de llegar una señora que no tiene pelos en la lengua para decirle al asesor que es muy lento. Ya casi es mi turno y debo parar de escribir.

Ya han pasado 3 horas, y paso a una librería para solo chismosear que hay de nuevo, abro un libro cualquiera y leo la frase “Tus instintos te dan las respuestas, solo sigue las señales que se te presentan”, recuerdo entonces aquel sueño de la noche y la respuesta es contundente y es así como recibo respuestas mientras “mato mi tiempo”.

 

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