#Columna: No me gustó Europa ¿y qué?

#Columna: No me gustó Europa ¿y qué?

No me gustó Europa ¿y qué?

¿De cuando acá Europa es el continente más próspero para los colombianos?

Dejar tu país para ir en busca de mejores oportunidades o simplemente para lanzarte a recorrer el mundo no es del todo una buena decisión. Todo desde lejos resulta más bonito. Las oportunidades de empleo, el civismo y la seguridad con la que viven los europeos quizá no tenga precio. Sin embargo, desde el otro lado del mundo se tiene la tendencia a idealizar. En pocas palabras, el colombiano es un soñador.

Nuestra identidad se ha quebrantado. Y es precisamente porque el país no la está pasando muy bien. Nuestras lenguas indígenas están desapareciendo, la corrupción sigue invadiendo desde el senado hasta las universidades y por supuesto, el tema de desempleo arde en las diversas ciudades con el fenómeno migratorio de venezolanos. Con esto y más, hay cantidades de razones para decir que países como España, Francia, Rusia o Alemania son mejores en términos de educación, economía, turismo, seguridad y derechos humanos.

Pero, se han puesto a pensar ¿de dónde vienen todos estos logros?

El continente europeo ha construido su bienestar cultural, económico y político sobre la explotación de otros países llamados “los subdesarrollados”. Con términos como desarrollo, exportación e innovación Colombia se ha comido el cuento de que su riqueza natural es necesaria para estar en los estándares del más top en desarrollo sostenible; pensando que al venderla sus ingresos permitirán que el país avance en términos de economía. Mientras países como Francia y España gozan del turismo lucrativo, Colombia a largo plazo tendrá una Amazonía afectada que no le servirá para nada.

Pensándolo bien… Ni la torre Eiffel es tan bonita como los hermosos paisajes de la Sierra Nevada y el mar Caribe que son el mayor atractivo turístico que nuestro país, además de su preservada arquitectura colonial. Ni siquiera las aguas de las playas de Barcelona podrían resultar tan apetecidas como las del océano Pacífico. Tan limpias y tan puras.

Es tan sencillo como decir que Cali es Cali y lo demás es loma. Tan crítico como saber que en Europa existen las mejores universidades del mundo, pero en Colombia los jóvenes se están tomando las calles porque les indigna la corrupción, les duele sus líderes sociales y su patria. ¿Para qué quiero cobertura y calidad en un país donde el crecimiento de la población está en términos de envejecimiento? Si hablamos de Suiza, claro está.

No me gustó Europa y no me importa gritarlo. Hoy estoy más que segura que prefiero movilizarme en el transporte público en hora pico y a reventar a tener que soportar el olor irritable de casi 360 personas en un vagón que siendo las 8:00 de la mañana aún no se han aseado. Dirán que es cultura, pero yo digo que consumir drogas en el metro cuando hay niños observándote debería ser un delito.

Poco a poco se van dando cuenta que es mejor soñar, pero en nuestra tierrita. Que es preferible desayunar bandeja paisa a las 8:00 am. que almorzar un sándwich de atún a las 4 de la tarde. Sin contar con los mariscos, el prospecto de arroz que no le llega ni a los talones al Roa o Diana y el dizque zumo de naranja transgénico que producen. Aquí por lo menos se puede cultivar lo que se quiera consumir. Desde la finca de Doña Juana hasta las granjas agroecológicas que, hoy por hoy, defienden la soberanía alimentaria. Si a usted no le parece esto una ventaja, entonces vaya y consuma ensaladas congeladas y café postizo.

Por ello, una vez más es necesario reafirmar nuestra identidad como ciudadanos. Apreciar lo que tenemos sin importar el desajuste de cuentas, las noticias pesimistas de los medios de comunicación o la frase del familiar que le dice: “váyase que aquí no hay nada”. Aquí sí hay, y más de lo que usted cree.

Aquí se goza y se baila hasta en los velorios. Se elogian a las mujeres por su belleza y carisma. Hasta para el cortejo somos los mejores, sin necesidad de hablar, ya con las miradas se dice todo. Además, somos culturalmente limpios, aunque sigamos haciendo campañas de reciclaje. Al fin al cabo no somos perfectos, y si por algo se reconoce al colombiano es por su perseverancia.

Con todo lo dicho, yo de usted la pienso dos veces antes de irme. Lo que se construye no solo es una identidad como ciudadano, sino un patrimonio familiar, cultural y hasta histórico. Reflexionemos un ratico por qué nuestros recursos naturales son los más apetecidos por otros países, o por qué nos movilizamos por todo y nos indignamos por “nada”.

A mí no me gustó Europa, porque sé de donde vengo y para donde voy. ¿Y usted?

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