#Columna: ¡OIGAN!

#Columna: ¡OIGAN!

¡OIGAN!

Desde que soy usuaria del transporte público, o sea desde su inauguración, mi estrés ha aumentado proporcionalmente al valor que le suben al M.I.O cada nada. Es que se siente una tortura tener que salir de casa y saber que toca montarse en uno de estos, y no por su servicio de transporte (que también es de cuestionar y molestar) sino por la mayoría de personas con las que uno comparte su aire vital en ese reducido espacio. Mi queja es puntual: no hay cultura, civismo, ni siquiera deberían llamarse personas, porque su comportamiento está alejado de lo humanamente “correcto” o ideal.

Déjese llevar: para recargar haces una fila, para ingresar a la estación otra, cuando logras entrar te encuentras con un tumulto de personas que intentan hacer oootra fila, intento, nada más. Posterior a eso, cuando llega una ruta, comienzas a tropezarte con otro montón de personas que no saben ‘INGRESAR POR LA DERECHA, SALIR POR LA IZQUIERDA’ finalmente un estrellón y empuje constante que te hacen subir… al M.I.O que no es.

Y no hablemos de la sudoración, el mal olor, la cercanía, las personas que hablan por teléfono hasta para el conductor, las miradas raras, los que se van quejando todo el camino por el mal servicio… y no sigo, porque me va dando migraña.

Así parezca, esta columna más que una queja a la falta de civismo dentro del transporte público, es una solución a esta situación con la que convivimos casi a diario: ¡ESCUCHEN PODCAST!

Puedo sonar testigo falsa de algún producto malísimo pero, desde que empecé a escuchar podcast, mi vida cambió.
No se imaginan la aventura que se vuelve andar en M.I.O, se te van los males y la rabia innecesaria, te curan las ganas de maldecir todo el camino y empiezas a agradecer cada minuto que pasas en el transporte, se vuelve una dinámica educativa, si eso quieres; o misteriosa, en caso que te gusten las historias de investigaciones. Podcast hay para todos.

Ahora, déjese llevar: vas estresado o tenés un viaje largo, coges tus audífonos e inmediatamente te transportas a las ‘Historias de Latinoamérica’, que cuentan, por ejemplo, en Radio Ambulante, conoces tragedias, dramas, datos curiosos, novedades, acontecimientos importantes de nuestros países vecinos y del nuestro. Hay de tantos temas y géneros que es imposible que no des con un podcast que te guste, como dicen por ahí: pa los gustos, los colores. Además, le das otro uso a tu celular, te despegas de la pantalla y te dejas llevar por una experiencia netamente sonora.

Es así como solo un programa radial, que va más allá de comentar un tema o informar noticias pesimistas, te purifica, te cuenta, te divierte, te educa… bueno y ¿por qué no? Te hace desear ir en transporte público sin que te importe lo demás.

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