#Columna: Pelea de Máquina con Humano Amarranado

#Columna: Pelea de Máquina con Humano Amarranado

Pelea de Máquina con Humano Amarranado

Un humano amarranado no es una referencia velada al presidente Duque, sino a las personas retratadas en “WALL-e (2008)”. Uno podría pensar que los malos de la película eran malvados robots que trataban de esclavizar o exterminar a los pobres humanos como nos enseñaron las varias entregas de “Terminator (1984)”. O que las máquinas concluyen que somos demasiado irresponsables como para dejarnos gobernar, como es la lógica conclusión en “I, Robot (2004)” después de dar una mirada a nuestro historial de guerras, catástrofes ecológicas y miseria.

Sin embargo, en WALL-e las máquinas, incluso cuando actúan en contra de los deseos de la gente, no son malvadas sino que trabajan buscando el que consideran es el bienestar de las personas. Como consecuencia directa de ello, los humanos se habían reducido a unos seres complacientes y obesos, que no tenían ningún interés más allá de entretenerse para matar el aburrimiento. Y aunque nos parezca un escenario bastante exagerado, creo que es bastante plausible en la vida real si continúa nuestra creciente dependencia de la Inteligencia Artificial.

¡¿Cuál dependencia?!” dirá más de uno. Basta acordarse de ese fatídico 13 de marzo de 2019 cuando Facebook (y sus servicios relacionados Instagram, WhatsApp y Messenger) estuvieron caídos por casi 24 horas. Más de 7 millones de usuarios deambulaban desubicados sin saber muy bien si ponerse a trabajar o a entretenerse con Twitter o darle otra oportunidad a Snapchat. Y eso que para la mayoría de los usuarios, Facebook es solamente entretenimiento. ¿Se imaginan si se cayera algo verdaderamente importante como el buscador de Google? ¿O que Waze falle justo cuando estamos intentando salir de un atajo por el centro de la ciudad por el que nos hizo meter para esquivar un trancón?

Pues todos esos servicios ya incorporan aplicaciones básicas de Inteligencia Artificial para sugerirnos qué ver, para reconocer lo que queremos encontrar (a pesar de nuestra mala ortografía) o la ruta más eficiente hacia el sitio al que queremos llegar. Ahora solo hay que extrapolar cuánto más dependientes vamos a ser cuando las máquinas tengan todavía más datos y recursos para tomar mejores decisiones que nosotros.

Por eso repito que estamos en el escenario en que las máquinas no buscan otra cosa que nuestro bienestar. ¿Qué está saliendo mal entonces? Yo creo que es nuestra actitud hacia la tecnología. En vez de simplemente dejar que las herramientas hagan las cosas por nosotros, podemos optar por apoyarnos en ellas para hacer las cosas mejor, con más profundidad, llegando más lejos. De lo contrario, corremos en riesgo de convertirnos en el humano amarranado que se queda relegado a tocar guitarra o hacer trucos con un balón mientras otro gobierna por él.

Escrito por:

Por Andrés Meza Escallón

@ApoloDuvalis

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