#Columna: Película del recuerdo y Sin tiempo para ser mejor

#Columna: Película del recuerdo y Sin tiempo para ser mejor

Película del recuerdo

Cuando hablamos del cine en Cali, muchos lo asocian con la imagen, ya casi mítica, de un grupo de jóvenes que decidieron filmar, construyendo así lo que hoy se conoce como Caliwood. De esta experiencia se ha nutrido nuestra ciudad por más de veinticinco años, y hoy en día sus referentes, cada vez que hablan, continúan recordando las viejas glorias, sus anécdotas, de cómo hicieron y qué crearon.

Cali se conoce, para nadie es una secreto, como parte esencial en la construcción de la cinematografía colombiana. Sin embargo, se ignora que el sacar dichos títulos adelante ha sido un esfuerzo titánico departe de sus realizadores  y que, aún hoy en día, para aquellos interesados en desarrollar un cortometraje, documental o largometraje, el camino se le presentará supremamente empinado.

Hace unas semanas se realizó en Festival de Cine de Cali, el cual ayuda a la difusión del cine, pero que realmente se queda corto a la hora de dar todo lo que la ciudad necesita. Un solo festival no suficiente para hacer que los caleños se interesen en las posibilidades del cine, además parece que alguno de los implicados con más renombre, se encuentran satisfechos con cumplir la cuota que el festival supone, e ignoran las falencias en cuanto distribución, educación y financiación con las que se tiene que enfrentar los jóvenes cineastas.

El cine, en todas las épocas, ha sido un trabajo arduo, motivado más por la pasión de sus involucrado que por otros intereses. Desconocer nuestras falencias sobre este tema, dejar de ser autocríticos nos llevará a un abismo donde nunca podremos salir.

Escrito por: Jorge Sanchez 

 

Sin tiempo para ser mejor

Pese a nuestra constante lucha por hacer de este caótico mundo un lugar más proactivo y donde todos tengan espacio para construir y sembrar, la cotidianidad repartida entre citas, reuniones de trabajo, fracturas familiares, envidias entre conocidos y demás, se empiezan a convertir en una barrera que limita el paso de energía transformadora en pro de un bien común.

¿Cómo pensar en el bienestar de la sociedad cuando hay cuentas por pagar e informes que rendir? Entonces combatimos con nuestro ego, aquel equilibrio entre los deseos que tenemos y las reglas que la sociedad impone para que podamos convivir. Pero hay días en los que algunos se levantan con el ego apoteósico y por los cielos, entonces no importa cuantas personas se deben pisotear con tal de llegar a la cima, y en este nuevo mercado del narcisismo a raíz de las redes sociales y los llamados influenciadores, lo que importa se basa más en la cantidad de seguidores y likes que una persona pueda obtener en un par de minutos, que la esencia misma de ese ser y aquello que pueda aportar.

Ojala nos despertáramos con ganas de amar más al diferente, de por un instante dejar de ser egoístas, incluso con nosotros mismos, pues con una mala actitud consigues únicamente alejar a todo aquel que te rodea y te pierdes la oportunidad de enriquecer el contenido de tu mundo y restarle valor a la forma, esa cegadora que dispersa y nos hace perder.

Escrito por:  Estefanía Chingual López.

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