#Columna: ¿Por qué la belleza es tan importante?

#Columna: ¿Por qué la belleza es tan importante?

¿Por qué la belleza es tan importante?

Hace un par de semanas me detuve en mitad de la plaza madrileña, la queridísima ‘Puerta del Sol’, y me topé con personas de todas las estaturas, colores y sabores. Rubios, morenas, chaparritos, gordinflonas: la lista puede continuar con amplitud, pero en estos casos podemos enfocar nuestra atención en resolver una incógnita bastante curiosa: ¿por qué sentía mayor simpatía hacia ciertos desconocidos con tan solo topármelos por primera vez, y por qué no me ocurrió con todos?

La belleza suele ser muy malinterpretada y con más frecuencia y fuerza en nuestros modernísimos tiempos. En algunos lugares y para algunos: la belleza lo es todo. Y está bien tener preferencias, quizá por eso resulta tan interesante intentar entender qué es lo que tanto nos atrae de aquello que consideramos bello, o de esa persona que nos voltea el mundo con solo verla.

Los números no numéricos: la proporción áurea

Aunque parezca un poco descabellado, la belleza guarda una relación estrecha con los números, con las proporciones siendo precisos. Mucho tiene que ver, por ejemplo, una de mis proporciones favoritas: Phi (fi). Con un nombre casi idéntico a la ultra reconocida constante ‘pi’, el número ‘Phi’ es tres punto catorce veces más interesante que su semejante, porque lo podemos encontrar en las proporciones de la palma de nuestras manos, así como en una infinidad de formas de la naturaleza. A Φ (1,618…) le debemos en muchos casos las emociones que liberamos cuando vemos algo que nos gusta o atrae, y la razón es porque su expresión numérica es el resultado de las proporciones que tienen esos hermosos objetos, rostros, o piezas de arte que adoramos.

Dicho formalmente, Φ se obtiene dividiendo el lado más extenso de un elemento entre su lado más corto, en los casos más prácticos. Un ejemplo más complejo suele ser el que nos ofrece Leonardo Da Vinci en su pieza, el ‘Hombre de Vitrubio’, donde nos enseña que podríamos medir un hombre o una mujer de la punta de su cabeza a sus caderas, dividir ese número entre la distancia de sus caderas a la planta de sus pies y obtener un número muy cercano a 1,618…

Aunque ese es solo uno de los miles ejemplos que podemos practicar en nuestro propio cuerpo y nos ayuda a entender la complejidad numérica de la anatomía humana y de la naturaleza, nos acerca más a descifrar que lo que nos gusta no son solo unos lindos cachetes rojizos o el profundo brillo de un par de ojos azulados, sino su tamaño, forma, contextura y armonía con el resto de los elementos: sus proporciones.

La belleza y la supervivencia

Una vez descubrimos a Phi, también descubrimos que encontramos más atractivas a algunas personas por la proporción entre sus ojos, nariz y boca respecto al tamaño de su rostro; y que las obras de arte nos hipnotizan no solo por sus coloridos trazos o inmensas arquitecturas, sino por la relación que guardan sus medidas. Pero la belleza también ha jugado otro papel fundamental en nuestra historia: ha sido un elemento básico de supervivencia. Identificar la belleza en la naturaleza nos ayudó a evadir peligros letales cuando éramos más débiles aún en el hermoso y peligroso camino de la evolución. La naturaleza utiliza la belleza para alarmar a los depredadores que una presa es venenosa, o que las estaciones están llegando a su fin.

La belleza es una señal para leer nuestro entorno y entenderlo. Si pudiéramos inhibir nuestro cuerpo de sus sentidos y quedarnos solo con la vista, podríamos ser capaces de diferenciar un lugar donde tenemos que buscar protección del frío, de otro en el que podemos disfrutar de una dulce brisa floral.

El verdadero papel de la belleza

Llega un punto donde logramos advertir la importancia de la belleza, como cuando tenemos que elegir cuál vestido usaremos para nuestra ceremonia de graduación, por ejemplo. ¿Qué más podemos aprender de todo esto? Que la belleza cumple un papel mucho más profundo que la simple estética. Que puede lograr cambios en el estado de ánimo de los seres humanos y en algunos animales. Que la belleza se manifiesta de muchas formas, y que incluso el objeto más horrendo puede volverse una completa obra de arte si encuentra las proporciones correctas.

 

Escrito por:

Camilo Van Der Huck

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