#Columna: ¿Qué es la Consciencia?

¿Qué es la Consciencia?

¿Cuál es el recuerdo más antiguo que puedes traer a tu mente en cualquier instante? Al igual que muchos, cuando quiero responder a esa pregunta acudo a un momento particular, un momento que reconozco muy bien como el más antiguo registrado en mi memoria, pero… ¿Por qué no recuerdo algo más antiguo aún, como mi primera palabra?

La consciencia, a diferencia de su melliza ‘conciencia’, no parece interesada por entender cuáles son las justificaciones morales de nuestras acciones. La consciencia de la que hablamos es más atrevida, primitiva, irregular y misteriosa; uno de los mayores enigmas de nuestra existencia como seres humanos.

Se trata de esos términos que pasamos por alto gracias a que nuestra atención suele estar en otros asuntos menos antropológicos, como si aún creyéramos en el modelo ‘heliocentrista’, con un sol estacionario en medio del sistema solar. Pues bien, la consciencia puede tomar muchas formas y de alguna forma cada una es válida. Todos la tenemos, todos la experimentamos y la vivimos a diario incluso cuando no somos conscientes. Sin embargo, hay ciertos elementos que ayudan a entender con mayor claridad sus principios y, si espabilamos un poco más, sus fines.

La base de todo

Una buena idea suele ser descomponer un sistema en sus partes elementales observables para entender de qué va, entender su fin.

El primer elemento que quiero presentarte es la complejidad.

Aunque se trate de algo volátil y difícil de imaginar físicamente, la complejidad ofrece a la consciencia un rostro. De la mano de la evolución, debemos entender que la consciencia también ha cambiado y mejorado con el paso de los años y, quizá, de otros recursos que haya tenido para manifestarse. La lógica es la misma detrás de los avances tecnológicos: cuando un sistema operativo se actualiza demanda mayores recursos físicos, de hardware, para desempeñarse con fluidez. Esas actualizaciones rompen inevitables líneas genealógicas de otros aparatos y así los descontinúan. En fin, que suena muy similar a las ideas darwinistas, sin hablar de supervivencia todavía.

Un segundo elemento son las herramientas que te permiten desarrollar tareas básicas, casi automáticas. El claro y único ejemplo en nuestro caso son los sentidos.

La consciencia necesita un traje biológico que le ofrezca ciertas destrezas mínimas, como moverse de tal forma que le permita comprender su entorno. ¿Pero cómo relacionar nuestros sentidos con nuestra consciencia? Te propongo un ejercicio sencillo. Imaginemos una roca en el centro de una habitación de un niño de 10 años. La roca no es compleja y tampoco tiene muchos sentidos de los que estemos enterados. Podríamos decir solo con esos dos elementos, que la roca no es consciente de estar en la habitación de un niño y menos de ser el objeto que es.

El segundo paso es reemplazar la roca por un niño de 10 años en la habitación de un niño de 10 años.

Varias cosas cambian: el niño sabe que está en un entorno familiar, que es un niño y que tiene 10 años. En resumidas cuentas, el niño se reconoce a sí mismo… es consciente de quién es y dónde está utilizando tan solo su sentido de la vista.

El mismo ejemplo nos lleva al tercer elemento básico: reconocerte a ti mismo como lo que eres, y no hablo de tu lugar en la sociedad, sino en la existencia misma.

El giro de 180° está precisamente ahí, en lo fácil que podemos explorar nuestra existencia con nuestros sentidos e ir corriendo donde nuestros padres a decirles: ¡Existo! Y existes, y sabes que existes porque eres consciente, pero ¿qué es la consciencia después de todo?

En materia de estudio

Aunque el nudo en mi garganta quisiera desatarse y contarles de qué va todo esto punto por punto, ni yo ni nadie podría hacerlo aún.

Lo místico y hermoso de la consciencia está en su naturaleza confusa y tímida, que se niega a dejarse comprender con facilidad. Algunos piensan que está alojada o hace parte del cerebro, otros le dan toda una explicación esotérica. Lo cierto es que lo mejor que podemos hacer por ahora es entender que quizá no podemos recordar más allá de nuestra memoria más antigua, porque antes de hacerlo entrenábamos nuestros sentidos y los demás elementos fundamentales; nos preparábamos para ser conscientes.

 

Escrita por:

Camilo Van Der Huck

 

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