#Columna: STRANGER THINGS 3: cuando los cambios son buenos (y necesarios)

#Columna: STRANGER THINGS 3: cuando los cambios son buenos (y necesarios)

STRANGER THINGS 3: cuando los cambios son buenos (y necesarios)

Stranger Things ha cambiado, pero ha sido un cambio positivo. Lo que inició siendo un show protagonizado por unos cuantos niños y una trama medianamente infantil, ha madurado con el tiempo y se ha posicionado como un punto de referencia esencial dentro la cultura pop actual. Hoy no estoy aquí para spoilearles la última temporada ni mucho menos para contarles cuáles fueron sus mejores episodios, pero sí quisiera desglosar brevemente cuáles son (para mí) esos cambios que ubican a esta tercera temporada como la mejor de la serie hasta el momento.

No es el qué; es el cómo.

Para muchos, el argumento inicial de Stranger Things puede parecer un cliché: un pueblo pacífico, un niño desaparecido y un laboratorio secreto. Quizás esta no sea una trama que marque la diferencia. De hecho, han sido muchas las películas o series con argumentos similares que han dejado su huella en diferentes generaciones, pero el éxito de Stranger Things, más allá de todos los elementos que la componen, no está su trama; está en la evolución de sus personajes y en cómo la serie nos involucra en el desarrollo de sus personalidades. La mayoría de protagonistas hicieron su debut siendo casi que unos niños, obligando a que el matiz de la primera temporada girara en torno a una inocencia inexplorada y a una amistad fraternal que parecía irrompible.

A pesar de que en la segunda temporada aparecieron nuevas caras y la serie tomó otro rumbo, sentía que no dejaba de apropiarse de esa ingenuidad temática y de un tono que la catalogaba como un show para adolescentes. La prueba de fuego apuntaba a una tercera temporada en la que, además de contar con la participación de unos niños que ya no eran niños, era el punto clave para determinar la dirección de la serie y un cambio de tono en todos los aspectos posibles.

Y así fue. La tercera temporada de Stranger Things fue cautivante, tanto a nivel argumental como en la transformación de sus personajes. La serie supo aprovechar todo ese potencial narrativo para darnos una temporada sólida y más que gratificante, superando con ventaja a sus antecesoras y mostrándonos cómo es posible enganchar a una audiencia a través de una buena escritura. Entonces, en esta ocasión tenemos a unos adolescentes que se enamoran, que se arriesgan y se equivocan, que hacen lo posible para permanecer unidos y que, a pesar de todas sus diferencias, reconocen el valor de trabajar en equipo. Notamos cómo la relación entre Eleven y Mike es un vaivén de emociones que ratifican su más pura curiosidad; cómo Dustin y Lucas son ahora un par de adolescentes incrédulos que logran dar soluciones usando todo su ingenio; cómo Max pasó de ser un personaje secundario a ser una parte fundamental en el desarrollo de la trama y cómo Will se convirtió en el punto partida para abordar el sentimiento de la nostalgia.

Por otro lado, me llamó mucho la atención que Eleven, a pesar de ser la protagonista, no tiene el papel más relevante en esta temporada. Lo que para muchos esto sería algo negativo, para mí fue la oportunidad perfecta para darle protagonismo a otros personajes y dejar que ellos tomaran la delantera en la serie. Esto me pareció muy valioso, porque el foco argumental pasa de ser unidireccional a abarcar todo un conjunto de narrativas paralelas con un mismo nivel de trascendencia, haciendo que la serie avance en función a cada uno de los personajes y sus motivaciones.

También es de resaltar cómo esta temporada se arriesgó a mostrarnos nuevas formas de exponer el terror y la violencia, personificando al enemigo y dándole un cuerpo humano para aumentar la tensión en los momentos de peligro. Entonces, tenemos más sangre, más crudeza, más personajes reaccionando al miedo y toda una atmósfera basada en el suspenso y en el terror a lo desconocido. Además de contar con los elementos característicos de la serie, existen ahora monstruos que son mucho más intimidantes y que giran en torno a un argumento completamente verosímil a todo lo que la serie propone.

Por lo anterior, Stranger Things es una de las producciones más fascinantes del momento. Podría dedicar todo un artículo a escribir sobre su estética y toda su apología al pasado. Es una serie cargada de nostalgia a los ochenta y es la forma más pura de rendirle homenaje a una época que marcó un antes y un después para el cine y la televisión. Con esta temporada, han demostrado que aún tienen mucho por contar y que es apenas el inicio de un universo inexplorado que se ha ganado el corazón del público.

Comentarios

comentarios

Leave a Reply