#Columna: “Talento colombiano: bueno, bonito… pero no barato”

#Columna: “Talento colombiano: bueno, bonito… pero no barato”

“Talento colombiano: bueno, bonito… pero no barato”

Los colombianos somos buenos, buenos exportadores de talento, eficiencia, labores pesadas, astucia e inteligencia… pero necesitamos urgente levantar la cabeza para entender entre nosotros y transmitirle al mundo que nuestro trabajo no se compensa con “lo que sea” o con “favores”.

Hay algo que todos tenemos en común: necesitamos comer, necesitamos vivir.

Para ello, trabajamos o buscamos los medios para sustentarse y tener el plato de comida y el techo todos los días; todas las personas lo hacemos, todos los latinos, todos los estadounidenses, los europeos, asiáticos… el mundo.

Sin embargo, a pesar de lo obvio, existe una diferencia en la forma como ‘vendemos’ nuestros talentos o fuertes entre los americanos y demás continentes. En algunos países existen empresas en las que es fuerte la jerarquía laboral, pero ningún empleado permite ser humillado ni siquiera por su jefe, independientemente de la paga. En España tienen una expresión muy interesante para cuando llega el pago de la quincena: “Hoy cobro” o “Voy a cobrar al trabajo”. A los empleados en España no les pagan encarecidamente por lo que trabajaron en el mes, no, no, no, ellos cobran por el arduo trabajo que aportaron en el mes y lo tienen bien claro.

Porque no importa en lo que labores, sino cómo lo ejerces y haces que lo respeten para que tengas lo justo y merecido.

Es bello y a la vez frustrante ver que sucede afuera y no en Colombia, por ejemplo. Aún en la actualidad, muchos colombianos con experiencia básica, técnica o profesional, viven con recursos estables y sin necesidades pero están dispuestos a ofrecer su trabajo o a tolerar un maltrato laboral a cambio de ‘cualquier cosa’; solo lo justo para vivir “tranquilo”. Por supuesto, hay excepciones en esta opinión, la pobreza, corrupción y desempleo de mi país abarca en muchas personas que desafortunadamente sí dependen de cualquier cosa para vivir y lo trabajan… esos son supervivientes valientes.

Por otro lado, es curioso pensar, ¿Y si esta subestimación mental hacia nuestras capacidades y nacionalidad es otro de los motivos por los que en Colombia no valoramos lo nuestro ni lo hacemos valorar? ¿Y si, quizá, por esto en el exterior saben del “trabajo colombiano bueno, buenísimo”, pero se aprovechan de que no lo vemos tal cual y recibimos menos de lo justo?

Este menosprecio no pasa sólo por fuera, también entre nosotros mismos, somos el nido del problema. ¡Hay que despertar!

Profesiones como el periodismo son mal remuneradas por los medios nacionales, el periodista comienza a ganar un salario digno promedio cuando ya es jefe de sección o director; hasta entonces debe apañárselas ganando un millón de pesos al mes, siendo egresado y con experiencia. Y vaya uno a reclamar por querer lo merecido, terminamos recibiendo lo de Semana a Coronell…

No es novedad que en el país el derecho a la educación integral y de calidad, esté chueco por poco presupuesto u otras diatribas; en parte es porque no le tienen un poco de fe a los estudiantes y sus talentos, es como si el ministerio solo cumpliera con dar lo necesario para sacar las ovejas listas del rebaño. Tenemos científicas colombianas en la NASA como Diana Trujillo, y muchachos genios en investigaciones en Harvard como Sebastián Palacios y tampoco es suficiente para promover lo buenos que somos.

Además de la Selección Colombiana de Fútbol, contamos con más de 30 deportistas como Sofía Gómez Uribe, Esteban Chávez o la Selección Femenina de Fútbol que no reciben tanto renombre y presupuesto como a los primeros, porque las mismas instituciones deportivas subestiman su destreza y “¿qué más da?, en este país pocos son pendientes del ciclismo, nadie del apnea o patinaje y mucho menos de las mujeres”.

Que nadie se deje engañar ni por debajear, nuestro talento colombiano es bueno, bonito… pero para nada es barato.

La próxima vez -ojalá que no haya- que subestimen sus capacidades, recuerden que el dinero, esfuerzo y cansancio que le invirtieron a su experiencia valen mucho, como para que ‘favorecidamente’ le paguen un mínimo o aguanten una falta de respeto. ¡Compatriota, date cuenta!

 

Escrita por:

Nathalia Andrea Marin Palomino

 

 

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