#Columna: Tan aprisa y yo tan lenta…

#Columna: Tan aprisa y yo tan lenta…

Tan aprisa y yo tan lenta…

Me gusta tomarme mi tiempo para todo. Los que me conocen me tildan de “lenta”  y debo aceptar que al principio me incomodaba. Estaban hiriendo mi ego, pues la verdad es que me asustaba el no poder hacer, el no poder lograr, el no tener tiempo y para colmo de males, nada me resultaba. Así es el juego de la mente y la vida. 

Tuve que pasar momentos donde la angustia era mi mayor sombra, esa capa invisible que se me pegó tan abruptamente que literalmente, me estaba asfixiando. Mi opresión se derivaba de controlar sobretodo lo externo. Vaya error. En algún punto, todos hemos cruzado esa estación. Algunos tardamos incluso un poco más. 

La sociedad nos impulsa todos los días a vivir deprisa. Rápido que llegas tarde al trabajo, tienes tan poco tiempo para almorzar, los trabajos de la universidad son para entregar tales días sin importar nada, tus padres te hacen saber que eres autosuficiente para ya dejar el nido, las redes sociales nos muestran estados perfectos de felicidad. Llega el último día de trabajo o de estudio y queremos salir corriendo a divertirnos, a pasar tiempo en ocio.  La alarma suena para despertar y cuando menos lo piensas ya es de noche y debes poner el relojito para que al día siguiente no se te peguen las sábanas. Así amigo mío, se nos va la vida. 

Hay un punto intermedio en esta carrera que llevamos a diario que llegamos a sentirnos vacíos, incluso lo negamos. Pero en los momentos de soledad, donde esa vocecita que todos tenemos y creemos que somos los únicos o que estamos delirando, nos pide que por favor la escuchemos, nada más para decirnos que debemos bajarle al ritmo. No eres el o la única que ha pasado o está pasando por este proceso, es algo innato en nosotros. Y si, es verdad que correr a la velocidad en que vamos en muchas ocasiones nos genera satisfacción. No lo niego, también lo he experimentado.

Pero a lo que voy es que después de vivir esa época en la que nada me resultó de la forma que había previsto, me enseñó a tener paciencia, cualidad que antes no poseía. Solo basta con decirte amigo mío, que tomar una taza de café se convierte en todo un show. No solo porque me encante beberlo si no porque a través de un acto tan cotidiano, he conocido lugares y personas maravillosas. En las mañanas mi taza de café debe estar más fría que caliente, saborear por sorbos cortos mientras solo me concentro en disfrutar. 

No por algo decían las abuelas “del afán solo queda el cansancio” y analizándolo bien, el ritmo de vida nos está agotando no solo a nosotros, sino a toda vida en general. 

 

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