#Columnista: Como dice doña Mary “¿Pescuezo, no querías corbata?”

#Columnista: Como dice doña Mary “¿Pescuezo, no querías corbata?”

Como dice doña Mary “¿Pescuezo, no querías corbata?”

Como dice doña Mary

“¿Pescuezo, no querías corbata?”

El  DANE y el Banco de la República piensan que el sector financiero ha llegado a tener gran penetración en los ciudadanos y que hoy en día, casi todo el mundo tiene una tarjeta de crédito, un cupo rotativo, un crédito de vivienda, vehículo o cualquier producto financiero diabólicamente similar; y sí, puede ser parcialmente cierto; sin embargo, cierta señora de clase media logró escabullírseles toda la vida y nunca hizo parte de las estadísticas de bancarización, porque siempre manejó el mejor y más antiguo medio de pago existente: Su majestad “el efectivo”. Ese hermoso medio de pago que la DIAN y la UGPP quiere ver extinto pero que siempre se las arregla para salir avante de cada reforma tributaria.

¿Quién no ha arrimado la nariz a un fajo para olerlo profundamente y llevar su delicioso aroma hasta lo más profundo de los alvéolos, aun sabiendo que no es la práctica más higiénica del mundo y que en esos billetes podría haber hasta restos de ántrax? Estoy seguro que si en los billetes no salieran próceres sino cantantes de reguetón, seríamos todos fans de Bad Bunny, Osuna o Karol G.

Con frecuencia en mi trabajo como asesor legal de empresas, (de hecho, cada cuatro horas en promedio), debo atender asuntos relacionado con empresarios en dificultades financieras, y la historia siempre comienza y termina en lo mismo, muy similar a la de un iniciado en el mundo de las drogas: El empresario va y busca un préstamo para su negocio, pero sale del banco con una tarjeta de crédito platino, cuenta corriente con cupo de sobregiro y en dólares. Esto sin olvidar el almanaque y los bolsillos llenos de bananitas. Luego, en un corto tiempo los vuelven a llamar y luego otra vez, ofreciéndoles otro crédito sin garantía, otra tarjeta black unlimited, un chip, o un token, diciéndoles que son personas muy importantes para el banco y que registran un muy buen manejo de sus productos, y que cuentan con una excelente calificación crediticia, mandándoles un libro de paisajes o un lapicero u otro almanaque, y cuando menos se lo espera, ese pobre empresario está trabajando solamente para pagarle al banco, al que ya le debe hasta el alma.

Doña Mary nunca quiso hacer parte de ese pacto con Satán; pero nosotros, los de la generación de la Guayaba, los de la generación X, y ya no pocos millennials, sí hemos firmado, y con varios demonios. Es que emprendedor treinteañero que se respete, tiene encima dos quiebras, tres reportes en datacrédito y cuatro refinanciaciones.

Por todo lo anterior, el consejo es evitar endeudarse; pero si no puede, (o podemos, decía el papelito) tenga en cuenta estas tres recomendaciones sencillas:
1. No se endeude, pero si se va a endeudar, que sea para adquirir un activo que genere valor.

2. Si el activo a adquirir no genera valor, al menos que le resulte útil.

3. En cualquiera de los dos casos anteriores, asegúrese de tener con qué pagar el crédito sin comprometer los gastos de su empresa asociados a la operación, sus gastos personales o los de su familia.

Recuerde señor emprendedor que al gasto financiero no hay donde llevarlo sino contra la utilidad. Es decir, lo que usted le paga a los bancos, sería suyo si usted no se hubiera dejado enredar. Por eso conviene escuchar a Doña Mary para que luego no termine ahorcado y con la lengua afuera.

 

Escrito Por: Jorge Andrés Villegas.

 

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