De la revolución a la literatura

De la revolución a la literatura

Fotografía tomada de hoylosangeles.com

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La visita de Laura Restrepo

Nacer en 1950 época de plena violencia en Colombia, hacer parte del M-19 en su juventud y crecer leyendo a los del Boom es una de las razones por las cuales Laura es una mujer de mil batallas.     

Laura Restrepo indiscutiblemente ha entregado su vida al periodismo y a la  literatura, sus libros son el resultado de varías vivencias transcurridas durante los últimos sesenta años en Colombia, temas como los diálogos de paz efectuados por el M-19 y el gobierno Nacional (1982-1986); la lucha campesina y el desplazamiento rural, entre otros, han sido temas en varios de sus obras.

 En el libro La Multitud Errante el prólogo manifiesta de manera cordial, la semejanza con los libros de Alfredo Molano, testigo de las mismas guerras y asperezas del país. Ahora y después de una buena acogida por los críticos literarios en Sur América, Laura vuelve a hacer presencia, esta vez en la ciudad bajo un público optimista y seducido por sus historias y su prosa literaria.

Su visita a Cali no es una novedad, después de una larga gira, llega a Colombia para la presentación de su último libro Hot Sur, una intrigante novela que gira en torno al desconcierto vivido por María Paz, joven colombiana, migrante e indocumentada que padece ciertos infortunios aferrada al efímero sueño norte americano, una realidad inquietante que afecta de manera discriminatoria a miles de latinos que buscan un mejor porvenir en tierras lejanas y padecen el martirio de un sueño sin fin.

Laura perteneció a esa primer generación que creció leyendo escritores latinoamericanos, “Los abuelos se criaron leyendo a los franceses y nuestros padres a los americanos”, dijo.

A los 15 años, en la universidad Nacional entra a formar parte de un movimiento revolucionario llamado el Trotskismo, en ese tiempo uno los dirigentes llevaba bajo su brazo un libro grueso de Marcel Proust, El Tiempo Perdido, un gran referente para iniciarse en los caminos e ideologías izquierdistas, que con el tiempo marcaron su carrera política como miembro del M-19.

Si algo ha de caracterizar a Laura es su espíritu humanitario, que la ha conducido por los caminos de la paz y del diálogo. Y es que Laura ha sido cómplice y partícipe de la violencia en Colombia; desde 1982, cuando se busca por primera vez una negociación de la paz, una época  prodigiosa y de sueños para el país con la nueva constituyente de 1991.

En pleno exilio y desde México Laura hace su primera novela, La Isla de la Pasión, una obra con destellos y donaires similares a Ursúa y el País de la Canela, de William Ospina. Aquí Laura seduce al lector con hechos históricos que se entrelazan en una pequeña isla llamada Clipperton, donde desaparecieron 60 náufragos. En ese entonces, más periodista que escritora, da un paso enorme a la literatura de ficción, basta leer: Mi Dulce Compañía, un intrigante relato de una reportera que se inserta en un barrio llamado Galilea, donde dicen se aparece un Ángel, la autora nos conduce por un sendero de religiosidad y escepticismo, el lector siente perderse en una narrativa donde se duda por instantes si la historia es ficción o no ficción.

Esta obra fue galardonada  con el Premio Sor Juana Inés de la Cruz y por el France Cultura otorgado por la crítica francesa, su último galardón lo recibió en el año 2004 con la novela Delirio, premio Alfaguara. Esa ha sido la única vez que ha enviado una novela a un concurso, el motivo fue la presencia del novel José Saramago, uno de los jurados de quien solo quería un abrazo, Laura admiraba no solo su prosa literaria si no su voz siempre contraria al poder. ¿Y sí le concedió el abrazo?  ─¡Sí, por supuesto! nos volvimos muy amigos, la última anécdota es esta, no la he contado: el último libro que publica José Saramago se llama Caín,  él tuvo la decencia de decirme que cuando saliera el texto lo iban a lanzar en Portugal, en su tierra natal. Y me dijo, que quería que yo presentara su libro. Duré tres meses preparando lo que iba a decir, releí como cinco veces a Caín, estaba muy emocionada. Por esos días mi marido se encontraba en París, se enfermó del corazón, cuando llegué estaba en el Hospital, no lo podía dejar ahí solo. En esa situación llamé a Saramago y le dije, ─José, yo no voy a poder ir a Portugal, yo te mando el texto que preparé, pero no voy a poder ir─. Para esas fechas, él ya estaba muy enfermo, me dijo: ─si no vienes, quizás no nos volvamos a ver más. Entonces le comenté, ─lo que pasa es que si voy, al que no vuelvo a ver es a mi marido. Y en efecto no volví a ver a Saramago.

La visita de Laura Restrepo fue sin lugar a dudas una oportunidad para que los caleños compartieran de cerca lo que significa el lanzamiento de su nuevo libro. Sin embargo, es esta acogedora entrevista ─sin ser pretenciosos─ la que nos da indicios del trabajo que a lo largo de su trayectoria va quedando plasmado en cada publicación. Constituye de algún modo un momento cercano a una artista que deja huella en la memoria del país, porque cada relato es también un fragmento de ficción unido con lo cotidiano.

Por José Alejandro Vargas

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