En defensa de los buseteros

En defensa de los buseteros

atarban-buses

Seguramente alguna vez ustedes se han montado en un bus, buseta o cualquier “cochino colectivo” como diría el señor @Dani_matamoros, si usted es extranjero y no entiende de qué diablos le hablo, las busetas son esos artefactos obsoletos que transportan en condiciones atroces a jornaleros como yo en este país y que además de contaminar visual y auditivamente, también colaboran excesivamente con el deterioro del medio ambiente ­ ¡uy, me salió en rima! ­Esto significa, también, tener que interactuar con vendedores que “con el permiso del señor conductor” te ofrecen maricadas absurdas como: Velas de sándalo , panderitos en un día de calor, llaveros, pirulitos, aguapanela en bolsa, discos piratas de Jonny Rivera y sus amigos, lapiceros disfuncionales, manillas de jipi, hierbas para purgarse o simplemente un “delishiosho, shabroshito, eshquishito dulshe de caramelo”, mientras le traquean los mejores hits de la pachanga autóctona en RadioUNO y/o un rapero que lo amedrenta con su “lírica” señalando que no lo va a robar si le tira un par de monedas y unos aplausos falaces; tristemente todo lo anterior no es nada, no vale ni un sucre, ni siquiera un sol peruano, comparado con los vejámenes que vive día a día el rey de la atarbanería, el papá de las infracciones viales, de tránsito y de los derechos humanos, es decir, la mismísima ley del asfalto: “El Señor Busetero”.

Los Buseteros o conductores de autobús son los encargados de desempeñar uno de los trabajos más difíciles de las urbes de clima tropical de Colombia; al igual que los panaderos de ascendencia cafetera y los domiciliarios de aguardientes y chichamentas en la madrugada; estos personajes muy probablemente se deben levantar a las tres de la mañana, pegarse un baño de gato y empezar a laburar. Imagínese usted tener que manejar un camión gigante, en un municipio donde las calles están llenas de huecos, motos y personas que ignoran las normas cívicas y de tránsito; tener que parar cada cinco metros cuando a alguien se le da la gana de bajarse, subirse o simplemente porque algún otro colega le tocó frenar en seco en frente suyo; además, ojalá, esa fuera su única labor, la de arrancar y frenar en un carro automático –que aún así sería un dolor de cabeza diarreico­ pero no, tienen que hacerlo en una volqueta que tiene más de 5 cambios y también, más de 4 pedales: El acelerador, el clutch, el freno y otro pedal que no tengo ni idea para qué sirve, solo sé que emite el sonido más estruendoso y arrabalero del municipio, aún más que el de la corneta de “la mazamorra y champús”. Si no le parece suficiente con tener que lidiar con los trancones, la ignorancia, la intolerancia y la inminente destilación de manteca –axilarmente hablando­ imagínense usted ahora, tener que convertirse a las patadas en un administrador de empresas y tener que contar un montón de monedas de 50, 100 y 200 pesos en segundos, dar devueltas, decirle a la anciana que se quite del sensor que le van a cobrar esos pasajes de su propio sueldo, negarle la subida al vendedor de pan de yucas a medio día y llegar a tiempo a los Check Point con el fin de tirarles alrededor de cinco lukas en monedas de 500 – confieso que hasta el momento no entiendo bien ese sistema­ Todo lo anterior sucede mientras carros y motos les escupen verborrea por las infracciones de tránsito cometidas y algunas personas en los semáforos insisten en hacer una revisión tecnomecánica a las llantas del bus con un palo de escoba, ese mismo con el que le proporcionan amenazas si no accede al servicio brindado. Dicho lo anterior, pienso que los choferes de transporte público son grandes héroes de nuestra nación, pacientes y amorosos, ya que si me pusieran en sus zapatos, seguramente en un punto, habría sufrido un ataque de esquizofrenia y habría atropellado, mutilado y quemado a más de un agropecuario en las calles de mi municipio natal. #Yodefiendo a los buseteros.

Comentarios

comentarios