Mi novio tiene VIH… ¿Y qué?

Mi novio tiene VIH… ¿Y qué?

Mi novio tiene VIH

A Jorge lo conocí en una red social, como hacen muchas personas hoy en día. No creo que conocer gente por internet sea necesariamente un anuncio de peligro inminente, considero que éste tipo de “inconvenientes” le pueden suceder a cualquiera y es cuestión de ser precavido.

Recuerdo que el día que nos vimos por primera vez “face to face” me pareció mucho más lindo que en fotografías o por Skype. No le vi “cara de enfermo” ni nada por el estilo, es más, lo veía muy sano ya que es un hombre atlético por tanto ir al gimnasio. Tenía (o tiene, sino que en el momento por ser la primera vez me deslumbró un poco) una sonrisa divina, cautivadora y blanca, los dientes casi perfectos, el cabello, los ojos, todo me pareció hermoso. Yo estaba muy nerviosa, nunca pensé que iba a estar saliendo con un man tan lindo.
Ese día comimos en un restaurante oriental, luego nos tomamos un café y como apenas iban a ser las 10:00 p.m. pues decidimos ir a tomarnos unas cervezas, él me dijo que no me preocupara que me llevaba a la casa.

Yo pedí una Club Colombia bien fría y michelada, sin miseria (risas) él pidió una limonada cerezada, me dio risa porque los roles se veían invertidos, yo parecía el hombre de la relación. Jorge me dijo que no podía tomar y supuse que era porque estaba manejando. Saqué un cigarrillo y lo encendí, le dije que si fumaba y me dijo que tampoco, pero que no le molestaba que yo lo hiciera.

Esa noche fue mágica de verdad, charlamos y charlamos y sin menos pensarlo ya era la 1:00 a.m. y estaban cerrando el establecimiento. Yo me sentía un poco caliente, no sé si era la comida, o el licor, pero estaba un tris “ganosita” y a eso le sumamos a que estaba acompañada de un tipo con ese cuerpazo, esa cara y que además era gracioso, cortés y amable, pues ni hablar.
Él me dijo que ya me iba a llevar a casa, yo para mis adentros rezaba que me llevara mejor a su casa, o que me dijera si quería ir a un motel, no me importaba, pero de verdad estaba bastante caliente.

El camino era largo, nosotros estábamos al norte, por los lados de Granada y yo vivo por Capri. Durante un buen tiempo estuvimos charlando y lo que me parecía curioso es que no me mandaba ni una mano a la pierna, yo sólo rezaba para que ese hombre me dijera que me quería comer pero no pasaba nada, no modulaba palabra. Me hice la valiente, tomé aire, conté hasta tres y le sugerí que fuéramos a “pasarla rico”, no le dije directamente que a un motel porque no quería quedar como la propia lanzada, pero el man me dijo que no, que prefería llevar las cosas despacio, en ese momento no sabía si pensar que era muy respetuoso o una tremenda hueva.

Seguimos saliendo por bastante tiempo, aproximadamente un mes, pero Jorge aún no me pedía que tuviéramos relaciones y me parecía un poco raro, incluso llegué a pensar que era gay y que tal vez me tenía por aparentar con la familia y los amigos (a quienes ya había conocido días antes y con quienes habíamos hecho muy buenas “migas”) Es más, por increíble que parezca, no nos habíamos si quiera dado un beso en la boca.

Decidí citarlo un martes y decirle que tenía que hablar con él, después del trabajo nos veríamos en Chipichape. Él llegó y se veía espectacular, estaba de camisa y pantalón de lino, y todo le quedaba ceñido ¡Dios! Las hormonas me llegaban a niveles extraordinarios, pero no iba a pelar el cobre.

Lo saludé normal y sin mucho preámbulo le pregunté que si era gay, él me dijo que no y me preguntó por qué, le expliqué mis motivos para pensar de tal manera y finalicé diciéndole que no tenía nada en contra de los homosexuales, pero que si era así que por favor me lo dijera porque no era justo que yo me continuara encarretando con una persona que no podría corresponderme. Jorge se puso rojo, bajó la mirada, se le veía nervioso, estaba sudando y titubeaba un poco, así que pidió un vaso de agua, se lo tomó de un solo sorbo y sin más me dijo: “Tengo VIH”

Yo quedé en shock por unos minutos, no sabía qué hacer, qué decir, qué pensar. En ese momento agradecí a Dios mil y un veces porque, a pesar de haber estado arrecha, en ningún momento tuvimos sexo. Él me contó que se había contagiado hacía unos dos años aproximadamente y fue en una salida a rumbear en donde conoció a una vieja; tomaron, bailaron, se entucaron y follaron sin condón, como habían intercambiado número celulares, una vez la pelada lo llamó a decirle que se había hecho la prueba y que era seropositvo y que posiblemente él también lo tenía, y así fue.

Me explicó que el VIH y el SIDA no eran lo mismo, que no me iba a contagiar por darme un beso con él o por tomar del mismo vaso, que estaba en un tratamiento con antirretrovirales y que en el momento su carga viral era tan baja que los exámenes lo detectaban como “Negativo”. Me pidió perdón por no haberme contado antes pero estaba muy asustado, me dijo que yo le gustaba mucho y que temía que la “relación” se acabara debido a esto. En ese momento sentí pesar, combinado con miedo, pero aun así entendí, igual en el transcurso de la vida me había educado un poco frente al tema y sabía que él no significaba un riesgo siempre y cuando se usara condón a la hora de tener sexo. Ese día decidimos formalizar y pasar a ser novios.

Por unos cuantos días estuvimos hablando del tema y, acordamos entonces tener relaciones sexuales. Yo estaba muy asustada, tenía muchos nervios, pero trataba de disimularlo al máximo para no hacerlo sentir mal. Tuvimos sexo común y corriente, obviamente usamos preservativo. Él no eyaculó dentro de mí sino que lo hizo por fuera. Siempre se portó como un príncipe.  Me explicó que al estar tan baja su carga viral las posibilidades de contagiarme disminuían, pero aun así tenía que hacerme la prueba del VIH. Me mandaron esa, la serología y la hepatitis B, todas negativas, sin embargo la médica me explicó que por el alto riesgo que estoy corriendo debo realizármelas trimestralmente.

Mi relación con Jorge no es distinta a ninguna otra que se pueda conocer, tenemos una vida normal y aunque sus padres saben de su condición de portador, mi familia aún no, me da miedo que lo rechacen y ante todo no quiero tener que mamarme el sermón de mis papás en el que ya dan por sentado que tengo VIH. Solamente una vez tuvimos una mala experiencia y fue en un paseo al zoológico, ahí nos encontramos con una vieja que estuvo saliendo con él y que lo dejó precisamente a raíz de su enfermedad, ella, cuando nos vio tomados de la mano se me acercó y me dijo entre risas “uy, cuidado con ese sidoso” Yo no supe qué hacer, me quedé paralizada de la ira y luego se me comenzaron a salir las lágrimas, quería agarrarla de las mechas y tirarla a la jaula de los leones, él sólo me abrazó y me dio un beso en la frente.

Tengo planeado contarle a mi familia cuando llegue el momento y por “momento” me refiero a cuando decida independizarme con Jorge. Ya llevamos 4 años juntos y no hay día en el que no sea feliz. Estamos hablando de casarnos en junio del 2016 e incluso ya hemos asistido a varios médicos quienes nos han explicado sobre los procedimientos para poder tener hijos sin correr el riesgo de contagio.

Son muchos los estigmas a matar frente a las personas portadoras del VIH. No son bombas de tiempo que van caminando por la calle, a la espera de explotar y contagiar a todo mundo.

 

Los nombres de los involucrados en la crónica fueron cambiados para proteger su identidad.

Comentarios

comentarios