#Relato: Honrando a mi viejo.

#Relato: Honrando a mi viejo.

Honrando a mi viejo

 

 

Mi padre terminó de organizar su uniforme color verde aceituna. Llevaba una placa con nuestro apellido. Se amarró las botas y se puso el arma al cinto. Salió de la casa sin decir una sola palabra, sin despedirse, sin un abrazo. Siempre fue un hombre duro, de una postura incorregible. Nos golpeaba por no hacer lo correcto. A mi parecer le sobraba ética y disciplina, era tan acérrimo con ello que nos llegó a dar unas buenas palizas por comportarnos mal.

Crecimos con una figura paterna, eso sí, pero nunca nos brindó una pequeña muestra de amor, de eso se encargó nuestra madre. Cuando nuestro padre la veía desbordar cariño hacia nosotros, le decía “Mal educas a esos muchachos, hay que tener mano dura y estricta”. Pobre viejo, ahora que lo recuerdo, me hubiese gustado abrazarlo al menos una vez, a pesar de su mente cerrada y rígida.

Aquel día, el que les estoy contando, que lo vi salir sin decir una palabra, como siempre. Fue distinto, porque nunca volvió a cruzar la puerta de regreso. No hubo más palizas, ni gritos atemorizándonos por comportarnos indebidamente. Ese día mi padre fue asesinado violentamente. En aquel tiempo lo odiaba y le tenía miedo, así que su muerte fue una especie de alivio, pero se fue convirtiendo con el tiempo en un extraño dolor. ¿Por qué me dolía? Si solo nos amedrentaba a mí y a mi hermano. Después de 13 años de su muerte y en su aniversario, escribo esto. Lo escrito aquí no son hechos que deban tomarse como evidencia. No daré nombres, ni señalamientos, porque los culpables tras la muerte de mi padre, probablemente estén muertos o en algún puesto ejecutivo importante. Son todos movidas políticas me dice mi vieja.

La llamada

El día en que mi padre murió, yo tenía 14 años, mi hermano 2 años menos que yo. Jamás pensamos que sería la última vez que le veríamos vivo. La noche cayó y el viejo no llegó, ni siquiera al otro día. Mi madre empezó a preocuparse, en ese tiempo no todos tenían celular como ahora, así que sufrimos la incertidumbre hasta que una llamada aterrizó a mi madre en la angustia y amargura: habían hallado el cadáver del viejo en un potrero.

“Múltiples heridas de bala, le metieron tremenda matada”, dijo el forense con insensibilidad, sin notar que mi madre estaba a punto de resquebrajarse. “Seguro andaba en malos pasos, esto siempre pasa con eso de las mafias, mejor dicho.” Que hijo de puta era aquel hombre. El caso de mi viejo pasó por una supuesta investigación que arrojó que había sido asesinado por un sicario. Agarraron a un muchachito de 18 años, después de tremenda tortura, aceptó ser el victimario. Mi madre nunca se comió el cuento.

Silencio o muerte

La verdad se vino a saber después, y no es como la cuenta la historia oficial que estaba falseada por el mismo cuerpo de la policía. El viejo estaba metido en una investigación de miembros de la policía que trabajaban con la mafia del Cartel de Cali. Era inevitable, había firmado una sentencia de muerte. Él le seguía los talones a los policías y ellos a él, cuando descubrieron quién era el encargado de la investigación, lo mataron. A veces creo que si el viejo no hubiera sido tan correcto, no estaría muerto, pero este país no necesita más corruptos. Puede que haya muerto, aun así me honran sus principios.

Nunca se hizo justicia por la muerte de mi padre. Mi vieja siempre me ha dicho: “Ya no vale la pena Carlitos, ellos mataron a tu padre como un perro, no hagas que te maten igual”. Es cierto, la policía ha escondido por años lo que sucedió. No puedo hacer nada, antes de que haga la denuncia estaría muerto. Lo peor en este país es el silencio. Silencio que es impulsado por el miedo.

 

 

 

Sobre el fracaso y los días amargos.

 

Comentarios

comentarios

Leave a Reply